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El resucitado Sánchez después de Galicia

Pedro Sánchez, durante un mitin en Galicia.

Pedro Sánchez, durante un mitin en Galicia. / Marta G. Brea

Albert Sáez

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Los alquimistas de la Moncloa han abducido a la prensa amiga para convencer a la opinión pública de que Pedro Sánchez tiene todas las de ganar en Galicia: si el PP revalida la mayoría absoluta, era lo esperado y nada tendría que ver ni con la campaña ni con lo ocurrido después del 23-J; si el BNG logra subir y sumar con los socialistas gallegos, se consolida la política de bloques y Feijóo acabará defenestrado por los suyos, lo cual le da oxígeno para seguir con la amnistía o incluso para adelantar elecciones si Junts no traga con el texto actual de la ley. Sánchez siempre gana. Otra cosa es el PSOE que va consolidándose como tercera fuerza allí donde no compite solo con el PP, con la excepción de Catalunya desde que Salvador Illa es el candidato.

Todo indica que, en los próximos meses, afines a Sánchez (que siempre es una condición efímera) irán copando las diversas federaciones del partido con la excepción de Emiliano García Page que se consolidará como la excepción exótica. Este proceso será la definitiva consolidación del 'pedrismo' en el PSOE y marcará lo que sucederá en la formación el día que Sánchez se canse, nunca antes porque nadie tiene el valor de confrontar con él. Dicen sus allegados, que el actual presidente se siente en deuda con las federaciones socialistas que vieron como en las elecciones de mayo perdían su poder por el desgaste de la acción del gobierno central. Y quiere aprovechar la legislatura para cuidarlos y promocionarlos de manera que puedan pasar factura al PP por sus pactos con Vox. El precio de obtener el mando y de contar con el favor del presidente es no llevarle nunca la contraria, ni en público ni en privado. Lo preocupante es que esta falta de un mínimo debate interno, empobrece al partido y a su capacidad de conectar con la sociedad, todavía más por la condición de resucitado de un presidente que no tiene miedo a morir políticamente. De manera que, si las cosas no salen según lo previsto, el PSOE será un solar en peor estado del que Sánchez lo encontró. 

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