
Escritora
Podemos soñar
Cuesta reconocer al partido del pasado en este presente de luchas intestinas y empequeñecimiento. Pero su historia merece un respeto, porque regaló un puñado de sueños cuando todo se desmoronaba
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El exvicepresidente segundo del Gobierno y exlíder de Podemos, Pablo Iglesias. / EFE
Podemos agoniza asediado por sí mismo después haber sido asediado por todos. La práctica de hacer leña del árbol caído se aplica con saña a la formación morada. Es fácil hacer inventario de todos sus errores, pero el cómputo no sería justo si no sumáramos sus aciertos. Por encima de todos, haber hecho soñar a millones de personas. Porque, en un momento negro de la historia, ellos supieron dar esperanza de futuro. Con un Ciudadanos que cargaba contra todo lo que oliera a catalanismo y un Vox que idealizaba (idealiza) un pasado de grandeza que ni existió ni puede (ni debe) revivirse, Podemos abogaba por romper la parálisis al grito de 'Sí se puede'.
Había rabia, por supuesto. ¿Cómo no iba a haberla, ante la estafa de la Gran Recesión? Esos días en que las persianas de los negocios se bajaban para no volver a abrirse, en que los desahucios y suicidios rimaban trágicamente, en que las listas de espera se eternizaban y las colas del hambre se extendían. CiU trazó en Catalunya el camino de los recortes, el PP los aplicaría a toda España. Recordemos, también, cómo Zapatero -ahora resucitado- abandonaba el Gobierno por la puerta de atrás. Cabizbajo, ojeroso, con su sonrisa convertida en un gesto amargo, cargando el peso de haber negado la crisis y haber retrasado las medidas para combatirla.
La sensación de traición en las filas de la izquierda era profunda. ¿Dónde estaban los políticos socialistas mientras sus votantes perdían el trabajo? Mientras los mayores de 50 se quedaban en la calle, con su finiquito en una mano y los hijos aún por mantener en la otra. Mientras los jóvenes cogían las maletas y se largaban en busca de una oportunidad. España ‘ya no iba bien’, y costaba creer que la línea ascendente se había quebrado bruscamente.
Aquel PSOE ojeroso y aquella IU conformista de entonces recibieron el revulsivo de unos jóvenes respondones y provocadores. Atizaban a diestro y siniestro, y supieron ser la voz de los asfixiados. Podemos hizo soñar cuando parecía que los sueños habían saltado por el balcón. Eran ambiciosos, sí. ¿Cómo lo hubieran conseguido, si no? Ahora ya sabemos que Podemos es el partido español que ha sufrido mayor persecución policial y política desde la democracia. Una campaña constante para laminar su espíritu combativo, para quebrar su confianza e ilusión. Cuesta reconocer al Podemos del pasado en este presente de luchas intestinas y empequeñecimiento. Pero su historia merece un respeto, porque regaló un puñado de sueños cuando todo se desmoronaba.
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