Toma de posesión
Ernest Folch

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Editor y periodista

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Los gestos del Rey

Que el Rey sea tan cariñoso con un presidente argentino de ultraderecha y tan severo con el presidente de izquierdas de su propio país es en sí mismo un mensaje político de calado profundo, incluso en el improbable caso de que se haya hecho de manera inconsciente

Felipe VI se reúne con Javier Milei en la Cancillería argentina

Javier Milei, presidente: la hermana Karina y sus perros en el centro de la escena política argentina

Felipe VI se reúne con Javier Milei en la Cancillería argentina

Felipe VI se reúne con Javier Milei en la Cancillería argentina / EFE

No es noticia que el rey Felipe VI asista a la investidura de Javier Milei, aunque sea de extrema derecha y aunque su coronación se haya convertido en unas olimpiadas de la ultraderecha mundial, con figuras como Abascal, Orbán, Bolsonaro o el cada vez más inquietante Zelenski. No lo es su asistencia, digamos que obligada por la tradición, pero en cambio sí lo son sus gestos y su dudosa puesta en escena. Porque del encuentro del Rey con el nuevo presidente argentino sorprendió su indisimulada efusividad, con una sonrisa abierta y una cara radiante de felicidad, que acompañó con un largo, notorio y cariñoso apretón de manos. Por si alguien tenía alguna duda, mientras posaban de pie ante los fotógrafos, Felipe VI rio a carcajada limpia una broma de Milei susurrada en el oído, y a lo largo del encuentro su actitud corporal fue siempre abierta, receptiva y sumamente cómoda, realzando una simpatía indisimulada. La efusividad del Rey con Milei ya sería en sí misma imprudente si se tienen en cuenta las peligrosas amistades del presidente argentino y sus incendiarios mensajes en contra del Estado del bienestar, pero es directamente chocante si se compara con sus gestos el día de la reciente investidura de Pedro Sánchez. Con el presidente español, el monarca fue sumamente frío y distante, con un posado deliberadamente serio y casi agrio, sin ninguna sonrisa y mucho menos ninguna broma. Todo lo que con Milei fue un rictus de cordialidad y hasta de simpatía sincera y auténtica con Pedro Sánchez había sido austeridad y terquedad, rayando la mala educación.

No se trata de ninguna sobreinterpretación gestual: invito a los dudosos a que vean los dos breves vídeos de sendas recepciones, colgadas ambas en YouTube, para darse cuenta de la escabrosa diferencia entre las dos. Resulta que un rey que no tiene ni puede tener ninguna autonomía ni margen de maniobra en sus discursos, y que por supuesto no tiene ningún poder ejecutivo, solo puede expresarse a través de su agenda (a quién ve y a quién no ve, dónde se ve y con quién) y sobre todo a través de sus gestos. Descartada la hipótesis de que la Casa Real esté formada por una banda de ineptos que son incapaces de controlar las actitudes corporales del monarca en función de sus prefeencias personales, cabe pensar justamente que las sonrisas a Milei, en contraposición al gesto severo y helado con Pedro Sánchez, son un mensaje muy nítido que la estructura profunda de la Zarzuela o el propio Felipe VI nos quieren enviar de manera muy poco sutil, acerca de sus preferencias ideológicas. Que el Rey sea tan simpático con un presidente argentino de ultraderecha y tan terco con el presidente de izquierdas de su propio país es un mensaje político de calado profundo, incluso en el improbable caso de que se haya hecho sin querer. Si fuera un rey siempre dicharachero, abierto y efusivo no habría tema. El problema empieza cuando él y su equipo eligen con quiénes ser tan amables. Mucho ojo, porque los mismos que le aconsejaron levantar el dedo agresivamente el 3-O y ahora juegan a ponerle cara de perros a Sánchez y a derretirse ante Milei, quizás se están empezando a pasar de listos. Quizás habrá que recordarles lo esencial: la izquierda española aceptó no tocar al Rey durante la transición a cambio de que se mantuviera estrictamente neutral y decorativo. Tantos gestos sobreactuados con mensajes cada vez más indisimulados pueden poner en peligro su cada vez más precario equilibrio institucional.