Opinión | Error del sistema

Emma Riverola

Emma Riverola

Escritora

Un belén sin niño

No hay pesebre posible en Palestina. No hay estrella de fe y esperanza que ilumine el cielo. No hay Reyes Magos que lleguen con ofrendas de prosperidad. No hay paz ni amor

Belén de Banksy

Belén de Banksy / EFE/ Abed Al Hashlamoun Bethlehem

El impacto de un proyectil con forma de estrella y un fondo gris y opresivo como todo paisaje, este fue el belén que el artista Banksy creó en 2019. José, María y el niño Jesús bajo la amenaza de las armas y el aislamiento. El pesebre lo situó en un hotel decorado por él mismo en Belén. La ciudad cisjordana vive cercada por el muro, esa barrera de hormigón y alambre de espino que separa a las familias palestinas de sus campos de cultivo y a las comunidades cristianas de sus lugares de culto. Dos carreteras de uso exclusivo para los asentamientos israelís aíslan aún más a la ciudad. Hace tres años, Netanyahu prometió cinco mil viviendas nuevas para los colonos. Más muros, más alambradas y más carreteras prohibidas para cegar la única vía de comunicación directa entre Belén y Jerusalén. Al fin, Cisjordania no es más que un tablero de juego donde los enclaves palestinos son reducidos, aislados y sitiados por militares y colonos israelíes. 

En el fondo del belén de Banksy, trazadas sobre el muro, se podían intuir unas palabras difuminadas: amor, paz y libertad. Han pasado cuatro años desde que el artista urbano realizó la obra. Hoy, esa representación se antoja irrealizable. No hay pesebre posible en Palestina. No hay estrella de fe y esperanza que ilumine el cielo. No hay Reyes Magos que lleguen con ofrendas de prosperidad. No hay paz ni amor. Y, por no haber, ni siquiera hay niño. En lugar de la simbología de un nacimiento, solo existe la realidad de una destrucción sistemática. 

En esta ‘guerra contra los niños’, como la ha calificado Unicef, no hay refugio seguro. La población civil no sabe adónde ir. Sin medios de transporte, sin comida ni agua ni medicinas. En un juego macabro, el ejército indica unas supuestas zonas seguras que, después, son bombardeadas. Se atacan refugios, hospitales y los niños mueren. A miles. Netanyahu está perpetrando la aniquilación de Gaza. No hay paliativos en sus intenciones. 

Asolar todo lo construido, imponer el control militar israelí, ofrecer tierras y más tierras a los colonos, convertir a los sobrevivientes en mutilados físicos y emocionales, desterrarlos a míseros campamentos de refugiados, ¿es ese el plan de Netanyahu? ¿Cómo resistirán los palestinos el dolor de tantas pérdidas? ¿Cómo será el resto de sus días, cómo serán sus noches? Unas tierras pobladas por miles de fantasmas. Es demasiado terrible incluso para imaginarlo. Escalofriante. Un pesebre sin niño, ese es el único belén posible para este año. Sin niño, sin esperanza y sin paz.