Opinión | El trasluz

Juan José Millás

Seducción

Lo barato llama la atención más que lo gratuito

Un sacerdote con una Biblia

Un sacerdote con una Biblia / 123RF

Dos hombres y una mujer permanecen quietos, de pie, formando un triángulo en cuyo interior hay una especie de expositor con folletos y un cartel en el que se anuncian “Clases gratis de la Biblia”. No hablan entre sí, no estornudan, no miran, quizá no ven, no se mueven apenas. Parece que forman parte del mobiliario urbano. Se colocan junto a la boca del metro de mi barrio a primera hora de la mañana y permanecen allí hasta que se hace de noche. Pero tropiezo con ellos también en las calles y en las plazas del centro. No pueden ser los mismos que los de mi barrio porque no se puede estar en dos lugares distintos a la vez, pero resultan prácticamente indistinguibles. Son clones. Llevan los mismos trajes de chaqueta, las mismas blusas o corbatas, idénticos zapatos. Los peina el mismo peluquero, los maquilla el mismo tanatopráctico. Digo tanatopráctico porque a veces me pregunto si vienen del más allá, me pregunto si están vivos o muertos.

No los he visto nunca intercambiar con nadie ni siquiera un par de palabras. La gente no quiere escuchar lecciones gratis sobre la Biblia. Tal vez se acercaría alguien si las anunciaran como baratas. “Clases baratas sobre la Biblia”. Eso podría funcionar, lo barato llama la atención más que lo gratuito, me digo observando al trío desde una esquina algo lejana. Me desazona su quietismo, su tozudez, su estética, también su indiferencia. ¿Qué ocurriría si, el lugar de ofrecer clases sobre la Biblia, las ofrecieran sobre Crimen y castigo o sobre Ana Karenina? ¿Se acercaría la gente? ¿Posee más vigencia Ana Karenina que la Biblia?

Por otra parte, ¿qué tipo de lección rápida te pueden dar a la puerta del metro, con el frío que hace estos días en la calle, con la gente entrando y saliendo apresurada para ir o venir de sus cosas? Por cierto, que frente al trío bíblico se suele colocar una vendedora de la ONCE con la que la gente, sin embargo, habla mucho. Como si la compra del cupón les diera derecho a unos minutos de plática. ¿Que de qué hablan? De la vida. No sé si la vendedora de cupones ha leído la Biblia, pero se lo sabe todo acerca de la vida. Los bíblicos debería pedirle consejo para seducir al personal.