Moda cursi

Albert Soler

Periodista

Albert Soler

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Feliz solsticio y próspera vuelta al Sol nueva

Hasta los muertos dan vueltas al Sol, quieran o no, en cambio, cumplir años se reserva a los vivos, eso sí es digno de ser celebrado

Una mujer sopla velas en un pastel de cumpleaños

Una mujer sopla velas en un pastel de cumpleaños

Ayer cumplía años mi señora madre, y a alguien se le ocurrió felicitarla por esa “nueva vuelta al Sol”. La pobre se quedó extrañada hasta que le expliqué que es la manera actual y cursi de felicitar a alguien en su cumpleaños. No quedó muy convencida, se conoce que en sus tiempos la gente no daba vueltas al Sol. Y si las daban, no se daban cuenta, no como la gente de ahora, que tiene conciencia de dar vueltas.

A mí me gustaba más cuando se felicitaba el cumpleaños. Cumplir años tiene mérito, y más tiene cuantos más cumples. Dar vueltas al Sol, en cambio, no tiene mérito alguno, mi propio bisabuelo, a quien no llegué a conocer, nació a mitad del siglo XIX y desde entonces no ha dejado de dar vueltas al Sol, ahí donde este enterrado. Hasta los muertos dan vueltas al Sol, quieran o no, en cambio, cumplir años se reserva a los vivos, eso sí es digno de ser celebrado. Vueltas al Sol las da hasta una silla, y a nadie se le ocurre felicitarla.

Lo de felicitar las vueltas al Sol no es la única cursilería que nos han traído estos tiempos. Dentro de poco llegará la Navidad, pero que a nadie se le ocurra felicitarla, lo que se lleva es felicitar el solsticio de invierno, sea eso lo que sea. Ada Colau suele hacerlo, así de moderna es. Se me escapa el motivo de felicitarnos los unos a los otros una cosa tan sosa como un solsticio, y me sorprende además que cumplimenten el de invierno e ignoren el de verano, que tiene exactamente los mismos motivos de celebración. Por no hablar de los equinoccios, despreciados hasta el punto de que nadie nos grita por la calle un alegre “feliz equinoccio”. Este año, en la cena familiar del 24 de diciembre, a la hora del brindis les voy a demostrar a todos que soy un hombre de estos tiempos.

-Feliz solsticio de invierno y próspera vuelta al Sol nueva -diré, mientras alzo la copa. Nada más bonito que pasar el solsticio de invierno en familia, cantando villancicos al lado del pesebre, antes de ir a la misa del gallo.

Para no parecer un tipo anticuado, lo mejor es adoptar todas esas modas astronómicas. Si al año se le llama ahora vuelta al Sol, también el día habrá cambiado de denominación, para mejorar. Así que esta misma mañana, al entrar a la carnicería del barrio para hacerme con cuarto y mitad de chuletas, iba a saludar con el “buenos días” habitual, cuando por fortuna he caído en que esas cosas ya no se llevan.

-Buenas rotaciones de la Tierra sobre su propio eje. ¿Quien da la vez? -he proclamado con mi mejor sonrisa

Una señora ha aferrado el monedero que llevaba en la mano mientras me miraba asustada, otra ha huido corriendo sin hacer la compra y el carnicero, blandiendo un cuchillo jamonero, me ha gritado que no vuelva por ahí.

No va a ser fácil la adaptación a los saludos astronómicos. Ayer, cuando Ernest ya estaba acostado, fui como siempre a su habitación, a darle las buenas noches.

-Buenos periodos en que la Tierra deja de recibir la luz del Sol por efecto de su rotación -le dije mientras le arropaba y le daba un beso, pues eso y no otra cosa es la noche, como sabe cualquiera que dentro de poco felicite el solsticio.

Se puso a llorar, y además mi señora, que acudió al oír la escandalera, me acusó de provocarle pesadillas al niño. Y encima en enero tendré que felicitarle su nueva vuelta al Sol. Malos tiempos para la astronomía.