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COP28: altas expectativas en Dubái

Ahmed Al Jaber presidirá la próxima cumbre climática

Ahmed Al Jaber presidirá la próxima cumbre climática / Efe

Este jueves arranca en Dubái la COP28, una nueva cita de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Una cumbre llena de paradojas: se celebra en una de las cunas de los petrodólares y la preside un magnate del petróleo. Y su objetivo es conseguir nuevos compromisos en la reducción de gases contaminantes que en la práctica no quiere decir otra cosa que eliminar los carburantes fósiles. Cuesta creer que países como Dubái estén dispuestos a ceder en la que es su principal fuente de riqueza, por eso la sospecha sobrevuela esta cumbre como lo hizo en la celebrada en Egipto.

La conciencia medioambiental ha sustituido desde la Cumbre de París al ecologismo. No estamos ante un movimiento marginal sino ante el mainstream global. La concienciación de los consumidores empuja a las empresas que multiplican su compromiso hasta forzar a los gobiernos más reacios. La eliminación de los combustibles fósiles es ahora imparable, ni la crisis financiera del 2008, ni la invasión de Ucrania, ni la guerra Israel-Palestina han hecho retroceder el ritmo del compromiso medioambiental. El negacionismo no es más que una evidencia de la irreversibilidad del fenómeno. Por todo ello, las expectativas de la COP28 son ahora muy altas, entre otras cosas porque las consecuencias del cambio climático en nuestra vida cotidiana son cada día más que evidentes.

Quizás el mayor peligro del momento es la utilización que algunos quieren hacer de la emergencia climática para convertir la concienciación de la población en una ola anticapitalista. No hay nada de ilegítimo en ello, pero convendría disociar las dos dinámicas. Un concepto que genera consenso, por ejemplo, es el del crecimiento económico sostenible, tanto socialmente como medioambientalmente. Y otro concepto radicalmente diferente es el del decrecimiento que implica un cambio en las reglas de la economía que no tienen una alternativa clara ni contrastada. No confundamos.