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Albert Sáez

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Feijóo y Sánchez en el laberinto europeo

Alberto Núñez Feijóo en la cumbre del PPE en Barcelona

Alberto Núñez Feijóo en la cumbre del PPE en Barcelona / Kike Rincón / Europa Press

Feijóo reunió en Barcelona a la cúpula del Partido Popular Europeo para poner la amnistía en el epicentro de la campaña electoral de junio, no solo en España sino en el tablero continental. El relato de Manfred Weber es inequívoco: hay que parar los pies a Sánchez y a los amigos de Sánchez (los socialistas europeos) porque llevan a la UE a un escenario de violación de la legalidad similar al que han protagonizado Hungría y Polonia en los últimos años. Hasta el punto de que le puede costar a España la pérdida de los fondos europeos. 

Mientras, Sánchez se fue a Israel y, flanqueado por el primer ministro belga y futuro presidente de turno, le soltó en la cara a Netanyahu que la UE debería reconocer el estado palestino. Horas después supimos que aquella declaración la hizo como presidente del Gobierno de España y no como presidente de turno de la UE. De manera que el enfado de Israel estaría más que justificado.

No está mal que la política española se traslade al laberinto europeo, lo que pasa es que a veces parece más que lo que se busca es españolizar la política europea. Poner los problemas españoles en la escala europea seguramente contribuye a relativizarlos y a resolverlos. Feijóo lanza con ello un reto a Sánchez y a su política de confrontación que trata como un todo a lo que hay a su derecha. En la UE la batalla actual no es entre derecha e izquierda, sino entre los extremismos y la centralidad. A pesar del cinismo de Weber –que critica a los ultras de Hungría y Polonia con los que pretende gobernar la UE– eso es lo que se vivirá en los próximos meses y lo que busca el líder del PP es arrinconar al presidente reinvestido con los extremistas a su izquierda.

 El duelo va a ser apasionante si, además, se traen de Europa un debate que aquí no aparece ni por asomo como el de la autonomía estratégica europea que reclama una política industrial y científica que deje de mirar al pasado para construir el futuro que Europa necesita.