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Joan Tapia

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Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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¿Imparable fuerza de la gravedad?

Guindos confirma en S'Agaró que los tipos de interés seguirán altos en, al menos, buena parte de 2024. Tras Lagarde, insiste en que el BCE quiere asegurarse que la inflación vuelve al objetivo del 2%

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Ya tenemos un nuevo Gobierno que deberá afrontar una ecuación económica muy espesa. Primero porque la continuidad de Nadia Calviño al frente del área económica -que complació a los inversores internacionales y a Bruselas- está en el aire. ¿Logrará la presidencia del importante Banco Europeo de Inversiones? ¿Y si se marcha, quién la relevará? Nada está claro y la incógnita es preocupante porque la Comisión Europea ya ha dicho que la situación fiscal española -también la de Francia o la de Italia- es delicada. Y en 2024 se acaba la 'barra libre' de gasto con el retorno de las reglas fiscales de la UE.

Y luego están los presupuestos. La mayor protección social del programa de la coalición (y más de Yolanda Díaz) deberá adaptarse al fin de la 'barra libre' fiscal y a la ralentización del crecimiento (5,5% en 2022, 2,5% en 2023 y quizás 1,5% en 2024). Y luego está la aprobación del presupuesto. En teoría la coalición de la investidura tiene mayoría suficiente. Pero Podemos -que votó la investidura porque ni quería ni podía ser cómplice del PP- ya siembra dudas sobre los presupuestos si no son suficientemente sociales. O sea, si Sánchez y Yolanda no reconocen a Irene Montero un mayor peso. Podemos tiene solo 5 diputados, dos menos que Puigdemont, pero son igualmente necesarios. Sin el voto de Podemos no hay presupuestos y toda la legislatura se tambalearía.

¿Y cuándo habrá presupuestos? En la guerra sin cuartel en la que están instalados el PP y el PSOE todo pacto parece imposible. Al menos a corto. Y el PP puede vetar -tiene mayoría absoluta en el Senado- la senda presupuestaria del Gobierno con lo que los presupuestos podrían sufrir un gran retraso y obligar a Sánchez a un previo cambio de la ley de estabilidad presupuestaría que originaría otra guerra jurídica. Con posibles repercusiones en Europa.

Y luego está la ralentización de la economía europea. España sigue creciendo (menos), pero la economía europea está estancada. La subida de los tipos de interés del BCE ha logrado bajar la inflación de más del 10% de hace un año al 2,9%. Pero la presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha dicho que la batalla contra la inflación todavía no está ganada. Y Luis de Guindos, vicepresidente del BCE y antiguo ministro de Economía, confirmó el viernes en las jornadas anuales de la Fundación Olof Palme de S'Agaró, que los tipos de interés quizás no suban más (depende de la inflación), pero que van a seguir altos una buena temporada, como mínimo hasta después del primer semestre de 2024. 

Los presupuestos pueden retrasarse varios meses si el PP veta en el senado, donde tiene mayoría absoluta, la senda presupuestaria del Gobierno. En ese caso, Sánchez tendría que cambiar la ley de estabilidad, lo que originaría otra gran guerra jurídica

Y tipos de interés altos reducirán el consumo de las familias, bajarán la demanda de crédito de las empresas (ya está pasando), aumentarán la morosidad bancaria y harán más difícil y caro el endeudamiento del Estado. Un freno añadido al fin de la barra libre fiscal. Un 'stop' al keynesianismo de Pedro Sánchez y a la espiral de gasto social de Yolanda Díaz.

Guindos predijo una ralentización del crecimiento en toda Europa, pero no (salvo imprevistos que no se deben descartar) una recesión. Entre otras cosas porque ahora, fenómeno nuevo, el empleo crece más que el PIB. Pero otras predicciones solventes deberían preocupar más al Gobierno. Hace tres semanas la influyente revista 'The Economist', con lectores muy cualificados en todo el mundo (no solo en Gran Bretaña) titulaba: “Demasiado bonito para ser cierto”. Decía que la economía mundial había logrado superar milagrosamente las últimas crisis, pero que ahora una prolongada política de tipos de interés altos (obligada para asegurar la caída de la inflación al 2%) amenazaba con llevar a la economía no a una desaceleración sino a una recesión de cierta intensidad. El semanario cree que altos tipos de interés en un tiempo prolongado actuarán como una imparable fuerza de la gravedad.

El escenario de 'The Economist' puede pecar de pesimista. Pero lo que dicen Lagarde y Guindos será una realidad durante, al menos, gran parte de 2024. ¿Tendrá capacidad el Gobierno de mantener el rumbo actual en un horizonte europeo y mundial más espeso? Lo seguro es que el programa pactado con Sumar debería ser repensado. Lo contrario sería pecar de grave imprudencia “a lo Zapatero”. Es muy aventurado creer que España pueda seguir creciendo más que la media europea.