Investidura
Andreu Claret

Andreu Claret

Periodista y escritor. Miembro del Comité editorial de EL PERIÓDICO

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Pedro Sánchez, siempre al borde del KO

¿Puede recuperarse un político que está contra las cuerdas? Si hay uno que puede, este es el líder del PSOE. A condición de que no piense que está ante una batalla más

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Pedro Sánchez

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez es conocido y reconocido, incluso por algunos de sus detractores, como uno de los políticos más coriáceos que ha tenido la España democrática. Su trayectoria es un continuo caminar sobre el alambre desde que consiguió alzarse como líder del PSOE, tras haber sido defenestrado por los suyos. No es un elogio, porque soy de los que piensan que bastante complicada es la vida como para que la política sea un sinvivir. Sin embargo, reconozco que a Sánchez le han tocado tiempos convulsos en los que no es fácil concebir el gobierno como mera administración de los recursos. Es posible que sea el líder que necesitaba el PSOE para hacer frente a tiempos de pandemias, volcanes, guerras, populismos e inflaciones desbocadas como los actuales, en los que la resiliencia cotiza al alza. Lo sorprendente no es que Sánchez haya existido. Es que haya sobrevivido. Hasta este miércoles, en que volverá a subir a la tribuna del Congreso para pedir su elección como presidente. Con los votos asegurados –en principio– pero más tocado que nunca. Esta vez, al borde del KO.

La izquierda se ha pasado la vida diciendo que los votos no lo son todo en una democracia y que la sociedad no cabe en unas elecciones. Desde que Trump mandó asaltar el Capitolio, ya no es así. Son las derechas las que reclaman la calle. La calle Ferraz. Hasta hace poco, la calle era de Pablo Iglesias, ahora es de Santiago Abascal. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Qué responsabilidad tiene en ello Pedro Sánchez? No toda, pero alguna. Hay funambulistas que se caen del alambre porque de tan engreídos como están por lo conseguido se despistan y pisan donde no debieran. Sánchez y sus ministros y ministras han conseguido logros importantísimos para este país. En lo social, sin que la economía descarrile, y en la defensa de los derechos. Quien no quiera verlo, que lea la prensa extranjera. Sin embargo, Sánchez ha cometido errores que explican su situación actual, la de un presidente odiado por la España conservadora y cuestionado por una parte de la otra, incluso por algunos de los suyos. Todo empezó en la pasada legislatura, con actuaciones como 'la ley del sí es sí', y con su tolerancia con algunas ministras de Podemos. Cuando cesó a Carmen Calvo, no se percató de que estaba pisando el territorio favorito de las derechas, el de las guerras culturales. Hay pasos que no se pueden dar con media España en contra.

Con la amnistía va a suceder lo mismo, pero en tecnicolor. A la derecha no le interesa el debate sobre un articulado mucho más razonable que el del pacto con Junts, donde Santos Cerdán se dejó engatusar por los de Waterloo. La batalla la da en un tema muy sensible, donde la demagogia corre a raudales: el de la igualdad. ¿Igualdad contra interés general? Gana la igualdad, que es algo más sensible, sobre todo si hablamos de Catalunya. Máxime, si el interés general es difícil de defender, por mucho que exista, porque resulta fácil argumentar que las concesiones al independentismo son espurias. Destinadas a obtener los siete votos que controla Carles Puigdemont.

¿Puede recuperarse un político que está contra las cuerdas? Si hay uno que puede, este es Pedro Sánchez. A condición de que no piense que está ante una batalla más. Si opta por el golpe por golpe, que diría Díaz Ayuso, la legislatura tiene los días contados. Puede incluso peligrar la investidura, pues el primer objetivo de la movida insólita a la que asistimos es el de conseguir que a algún diputado del PSOE le tiemble la voz. Frente a este trumpismo arrollador, se entiende que el candidato sea contundente y salga del córner del ring. Pero las dudas sobre lo pactado con Puigdemont y Junqueras alcanzan a sectores muy diversos, a quienes Sánchez debe tender la mano, con humildad, aceptando que no todo se ha hecho bien, aunque el resultado pueda ser bueno para Catalunya y para España. De no lograr este tono, Sánchez y el PSOE lo pasarán mal. Nunca la derecha había conseguido sembrar tantas dudas, mezclando mentiras con medias verdades, apelaciones a la democracia con llamadas a un alzamiento. Responder a este cóctel explosivo no solo necesita un Sánchez peleón y habilidoso. Requiere un discurso de Estado.