
Periodista. Comité editorial de EL PERIÓDICO
Ni entusiasmo ni confianza
La ausencia de pasión en el pacto PSOE/Junts, interpretada como una debilidad, podría finalmente darle una fortaleza que ahora ni se intuye
Puigdemont, tras el pacto PSOE-Junts: "El 'a cambio de nada' se ha ido a la papelera de la historia"
El trivial de la investidura. Así avanzan los pactos de Sánchez para ser presidente

Carles Puigdemont y Pedro Sánchez / KENZO TRIBOUILLARD / LUDOVIC MARIN / AFP
Al igual que hay personas con una mala salud de hierro, es decir, que siempre están enfermas, pero que sobreviven a todos los que las rodean, y otras, que gozando de una aparente buena salud, mueren de repente, podría ser que el acuerdo entre el PSOE y Junts, de apariencia frágil, fuera más sólido de lo que parece a simple vista.
Sería bueno que así fuera, porque eso le daría estabilidad a la legislatura y permitiría driblar la ira de las derechas. Pero no se puede enmascarar el hecho de que el pacto ha nacido con fórceps y su alumbramiento solo ha sido recibido con el alivio que representa resolver situaciones que a las dos fuerzas políticas les interesan: la investidura de Pedro Sánchez y la amnistía de los imputados por el ‘procés’, en particular la de Carles Puigdemont. El propio expresident de la Generalitat explicó que el acuerdo no le causa "ni entusiasmo ni confianza". Seguramente tenía muy pensada la frase, sin ser 100% consciente de que esa falta de entusiasmo y de confianza, que él lanza como un reproche, es común a los negociadores de las dos partes y, desde luego, a los militantes socialistas.
Si las bases del PSOE le dieron carta blanca a Sánchez para negociar lo que fuera es porque pensaron que el pacto con Junts era el mal menor. Porque aquí la cuestión es dilucidar quién es más peligroso para la convivencia y la democracia, si Puigdemont o Vox. De Puigdemont se sabe que ya intentó, saltándose la Constitución y el Estatut, la independencia catalana y fracasó porque, pese a la torpeza de Mariano Rajoy, el Estado es mucho más fuerte. Sin embargo, Vox controlando parte del aparato del Estado de la mano del PP, puede provocar una involución en derechos y libertades irremediable e irreversible.
Es la ausencia de pasión en el pacto PSOE/Junts, interpretada como una debilidad, lo que podría finalmente darle una fortaleza que ahora ni se intuye. Muchas veces el interés une más que el amor. Es posible que Puigdemont en su euforia de ganador —al fin y al cabo ha conseguido ser reconocido como interlocutor y en breve podrá volver a Catalunya— se resista a admitir que su negociación con el PSOE supone también tragarse todas sus diatribas contra el "Estado represor", abandonar su política quasi extraparlamentaria y regresar, por tanto, al sistema. Bajar del monte, al que se echó hace tiempo, tiene estas consecuencias.
Vuelta al juego político
Más allá de la reelección de Sánchez y de la amnistía, la importancia del acuerdo radica también en esa vuelta de Junts al juego político. Pactando las discrepancias. Cada partido tiene su versión de la historia, en ocasiones totalmente contradictoria, lo que no les detiene a la hora de plantearse, mediante la negociación, resolver un objetivo tan ambicioso como "el conflicto histórico sobre el futuro de Catalunya". ¿Cómo arreglar ahora el conflicto histórico si, como dice Puigdemont, viene desde los decretos de nueva planta de Felipe V?
Sí se puede, sin embargo, forjar un futuro diferente en el que el encaje de Catalunya —por emplear una expresión usada también por Núñez Feijóo— haga que esa parte de catalanes que se sienten incómodos en España —que según los resultados de las elecciones del 23J no son más que el 27%— se sientan más a gusto. Eso ayudaría también a que quienes se sienten españoles, allá y aquí, se encuentren confortables en un país compartido por todos y respetado por todos.
Del devenir de ese plan aún nada está claro. Porque aunque el número tres del PSOE, Santos Cerdán, aseguró que este es un pacto de legislatura, Puigdemont dejó claro que eso se irá viendo "día a día". Prácticamente lo mismo que dijo Oriol Junqueras la semana pasada. Repetir una legislatura inestable, de bronca continua, siempre en riesgo de ruptura, es uno de los peligros a los que conducen estas alianzas de Sánchez con partidos tan heterogéneos y de conducta tan volátil. Más aún cuando las derechas están desatadas, dispuestas, una vez más, a acabar con el sanchismo. Ya se sabe que el presidente es un optimista biológico, que confía en su arrojo y en su suerte para sortear todas las dificultades. Lo ha demostrado en varias ocasiones, aunque, como si estuviera en una carrera de obstáculos, él mismo, o su destino electoral, acrecientan cada día las dificultades.
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