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Martí Saballs Pons

Martí Saballs Pons

Director de Información Económica de Prensa Ibérica.

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El papel lo aguanta (casi) todo

El escenario se aventura lleno de espinas y obstáculos. No da la impresión de que el cóctel de socios que podría apoyar al nuevo Gobierno esté de acuerdo en temas básicos

Esquerra, el rompehielos negociador

El PSOE retoma la negociación con Puigdemont en Bruselas para intentar cerrar el acuerdo

Carles Puigdemont se reúne en Bruselas con el número tres del PSOE, Santos Cerdán

Carles Puigdemont se reúne en Bruselas con el número tres del PSOE, Santos Cerdán / PSOE

Desconocemos aún en qué consistirá la amnistía, su letra pequeña y cómo se interpretarán los distintos eufemismos por parte de unos y de otros que se pondrán sobre la mesa. Desconocemos cuál es el nivel de engaño (y autoengaño) que se está gestando entre las distintas partes para satisfacer una transacción aritmética que permita a Pedro Sánchez ser presidente del Gobierno. Desconocemos si ERC y Junts están dispuestos a no repetir los sucesos de septiembre y octubre de 2017 y renuncian a la unilateralidad y a la ruptura del Estado de derecho. En definitiva, desconocemos cómo las cesiones del PSOE (y del PSC) al independentismo afectarán al futuro de este partido y a su evolución.

Sí sabemos que amnistiar a los responsables del 'procés' es la decisión más arriesgada y difícil del PSOE desde el inicio de la Transición. Y sí sabemos que la apuesta de este partido por la amnistía contra lo que decía hace seis meses ha reavivado la tensión política. El consenso generalizado que había en Catalunya a favor de los indultos no existe ahora.

Tal como ocurre con las inversiones en activos de alto riesgo, pueden acabar obteniéndose rentabilidades muy altas o, por lo contrario, el batacazo y las pérdidas pueden ser monumentales. La diferencia respecto a la inversión en un activo financiero es que aquí hay un país y sus ciudadanos detrás. No hay bola de cristal que pueda señalar qué va a ocurrir. Sí sería deseable, aunque se antoja utópico, que entre todos los agentes políticos se bajara el nivel de decibelios.

Sí sabemos, por lo contrario, que una vez se formalice un nuevo Gobierno, este deberá empezar a preparar unos presupuestos y a legislar. El escenario se aventura lleno de espinas y obstáculos, y no da la impresión de que el cóctel de socios que podría apoyar al Gobierno esté de acuerdo en temas básicos. ¿En qué se parecen los programas económicos de PNV y Junts con los de Sumar, Bildu y ERC? En casi nada. Desde políticas de vivienda y horarios laborales hasta el desarrollo de infraestructuras y fiscalidad.

Para empezar, el tema más delicado: llevar a cabo una reforma del sistema de financiación autonómico. Comenzar prometiendo la condonación de 15.000 millones de deuda a Catalunya y a las autonomías que se suban al tren sin incluir esta decisión dentro de un marco más global de ajustes y transformaciones puede abrir una nueva divisoria en el Estado. Moncloa no podrá gobernar contra los 11 gobiernos autonómicos donde manda el PP, con o sin el apoyo de Vox.

Como el papel todo lo aguanta, el nuevo Gobierno tiene la ventaja de que las previsiones económicas para el año próximo prevén una suave desaceleración. Alrededor de un crecimiento del PIB entre el 1,5% y el 2%, frente al 2,4% con que se espera cierre 2023. La llegada de los fondos europeos seguirán dando gasolina. ¿La inflación? Se mantendrá controlada por encima del 3%, suficiente para no esperar nuevas subidas de tipos. ¿La deuda pública? Ya urgirá Bruselas para que España vaya bajándola. Tareas no le faltarán a Nadia Calviño o su sucesor/a.