Opinión | Racismo y discriminación

Carol Álvarez

Carol Álvarez

Subdirectora de El Periódico

El alma de Australia a referéndum

«La bondad no cuesta nada», imploró en vano el primer ministro en su último llamamiento a dignificar a los aborígenes con una reforma de la Constitución

Un surfero vota en Bondi Beach, Sídney, por el referéndum de Australia

Un surfero vota en Bondi Beach, Sídney, por el referéndum de Australia / Toby Zerna | Efe

En el tablero internacional, agitado estos días por guerras y crisis económicas, también hay lugar para una votación remota, un referéndum que ha dividido el alma de una nación. 

Australia afronta este fin de semana una oportunidad histórica para cambiar el rumbo emocional del país que puede quedar en una ocasión fallida. El país de las antípodas arrastra problemas propios de la poscolonización, con una comunidad aborigen, los primeros pobladores, que fue primero diezmada y luego maltratada. El camino por el reconocimiento de sus derechos y la protección de su cultura, de sus lugares sagrados, no ha sido fácil y está basado en progresos demasiado recientes, como el caso Mabo, el primero que reconoció en 1992 los derechos sobre la tierra de los aborígenes en una zona en litigio en Queensland, el este del país.

Los toques de queda para aborígenes aún estaban vigentes en muchos pueblos en los años 70. La tasa de paro, de alfabetización, de salud, dibuja una brecha inmensa entre aborígenes y el resto de australianos. Más de 100.000 niños aborígenes fueron separados de sus familias durante décadas, a lo largo del siglo XX, y esta generación robada aún vive en la Australia más moderna con sus recuerdos y sus heridas. 

Llegados aquí, el reconocimiento de la opinión de los pueblos originarios australianos a través de la Voz, un nuevo ente consultor, no debería causar ni debate. La Constitución requiere una reforma para integrarlo. Un referéndum.

Exactamente qué se vota, qué matices tiene la pregunta, qué entiende el electorado, qué estrategias usan los rivales para llevarse el voto son clave. ¿Les suena? Que todo referéndum pone ante un espejo a la sociedad que lo afronta lo vemos cada vez que se abre el melón de una votación así, sea de la naturaleza que sea, sea en el país que sea. 

Las heridas de un país

En Australia, la mera existencia de la pregunta ha hecho visibles las heridas del país. Heridas que en el frente liberal se niegan con la fuerza de una voz también aborigen, Jacinta Nampijinpa Price. No hay desigualdad en la ley en los accesos a ayudas, alega. Los robos de niños están exagerados y gracias a la colonización tienen agua en sus casas. El 'trumpismo' y la desinformación han campado a las anchas en una Australia que no deja atrás los tics coloniales, en un cóctel explosivo con el miedo a la influencia china, que ha alentado discursos como que el comunismo y Rusia están detrás de la campaña del sí, que busca desestabilizar el país, señalan. 

"La bondad no cuesta nada"

Siempre el miedo. Las opciones del no crecieron como la espuma durante la campaña, espoleadas por 'fake news'. El mismo primer ministro del país, Anthony Albanese, intensificó sus llamamientos para que salga adelante la propuesta que busca dignificar la voz de los aborígenes e integrarla en la Constitución con su singularidad, un gesto simbólico pero de gran valor para sanar el corazón partido de la nación. La Australia de hoy cuenta con 26 millones de ciudadanos, y apenas el 3,8 por ciento son aborígenes. «La bondad no cuesta nada», apeló en un discurso emocionado este viernes Albanese, antes de las votaciones que han supuesto un revés a la propuesta, ya desde los primeros escrutinios.

El debate que ha abierto la Voz será, en todo caso, más importante que el mismo resultado si logra que una sociedad mire a sus vecinos y se pregunte por qué unos tienen una riqueza que otros no, por qué en los colegios no se mezclan los niños, qué peso tiene el pasado en el presente. Con honestidad.  

Las urnas han contado una a una las almas, con sus miedos y sus prejuicios, su dolor y sus esperanzas. El voto es obligatorio, no hay margen para los desmotivados. Y pese al triunfo del no, la Voz ha sacudido con fuerza conciencias en un camino que puede ser largo y difícil, pero que tiene recorrido por delante.