Amnistía
Andreu Claret

Andreu Claret

Periodista y escritor. Miembro del Comité editorial de EL PERIÓDICO

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¿Cómo será la Catalunya del día después?

No será ni una vuelta al 'procés', ni el bálsamo de concordia y diálogo del que habla Sánchez. El independentismo está ahí

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Leonard Beard

Leonard Beard / Leonard Beard

Imaginemos que las negociaciones para la investidura concluyen con la elección de Pedro Sánchez como presidente de un Gobierno de izquierdas, apoyado por las fuerzas nacionalistas e independentistas del País Vasco, Galicia y Catalunya. ¿Qué pasará en Catalunya el día después? La derecha ha vaticinado un momento de gloria para Carles Puigdemont si el pacto se basa en alguna suerte de amnistía. Apurando paralelismos que carecen de base histórica, algunos vaticinan un retorno triunfal del líder de Junts por Catalunya, a lo Tarradellas. Un ‘ja soc aquí’ lanzado a los cuatro vientos desde el balcón del Palau de la Generalitat, seguido de unas elecciones inevitables donde el independentismo arrasaría y Junts sería la gran triunfadora. O sea, volver a empezar. Es curiosa esta tendencia de las derechas españolas a atribuir a Puigdemont poderes demiúrgicos. Revela que el Partido Popular sigue sin haber entendido nada de lo que ha ocurrido en los últimos años. El PP se empeña en pensar Catalunya como una causa perdida, a la que solo cabe atar corto desde los poderes del Estado. Al principio de su llegada a Madrid, Alberto Núñez Feijóo parecía haberse dado cuenta de que así le resultará difícil gobernar España, pero Madrid es mucho Madrid y se ha sumado a los que creen que la Catalunya del día después será territorio comanche. Como si Puigdemont pudiera cambiar de un plumazo el resultado del 23J, en el que los tres partidos independentistas sumaron un 28% del cuerpo electoral catalán. Menos de un millón de votos. Menos de la mitad los que ciudadanos que votaron 'sí' en el referéndum del 1 de octubre.

No sabemos exactamente cómo será Catalunya tras un posible pacto de legislatura con los nacionalistas, pero podemos anticipar que no será ni una vuelta al 'procés', ni el bálsamo de concordia y diálogo del que habla Sánchez. El independentismo está ahí. Ha venido para quedarse y, ley electoral mediante, cuenta con posibilidades de seguir teniendo una mayoría en el Parlament. Hará falta otra generación para que no sea determinante el recuerdo de estos años aciagos a la hora de tomar decisiones políticas. Sin embargo, todo indica que se impone una clara voluntad de pasar página. De lo contrario, Salvador Illa no hubiese ganado las elecciones del 23J. Las hubiesen vuelto a ganar los independentistas, o quienes quieren borrarlos de la faz de la tierra, como sucedió con la victoria de Inés Arrimadas en 2017. No sé cómo llamarlo, si perdón, indulto, gracia, amnistía o lo que sea, pero la mayoría de la sociedad catalana está por ello. Solo así se explica el fracaso de Núñez Feijóo, Santiago Abascal y Díaz Ayuso el pasado domingo. Si el indulto ha permitido llegar hasta aquí y respirar otro aire, mejor seguir por este camino que volver a las andadas. Lo piensa incluso una parte decisiva del empresariado catalán, como demuestran las elecciones a la Cámara de Comercio y la posición de Fomento o el Círculo de Economía.

¿Cómo será la Catalunya del día después? Tiendo a pensar que la historia pesa en los comportamientos colectivos y que el día después se parecerá, de alguna manera, al día antes. Antes del 'procés'. Con cambios, porque el 1 de octubre y la estúpida represión del gobierno de Mariano Rajoy no pasaron en balde, y porque el 'procés' se ha llevado por delante a la fuerza irrepetible que gobernó durante más de dos décadas bajo la batuta de Jordi Pujol. ¿Cómo recomponer este espacio político? No se habla de otra cosa en los círculos de poder catalanes. Hay quien piensa que la criatura renacerá de las entrañas del partido que lidera Puigdemont, y hay quien cree que su liderazgo es precisamente lo que hace imposible esta resurrección. Por los monstruos que el mismo ha creado y que le atan al pasado y le impiden pensar el futuro. Para entendernos, el enjambre de activistas del Consell per la República, la ANC y otros cenáculos cada vez más apartados de la realidad pero que influyen en la galaxia independentista. Sin embargo, este espacio nacionalista y de centroderecha que suponía Convergència tiene tantos huérfanos que, con Puigdemont o sin él, el día después empezará su reconstrucción. Con otro nombre, para quitarse de encima todo aquello que hundió al partido de Pujol.