Investidura
Emma Riverola

Emma Riverola

Escritora

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La parálisis que acecha

No es fácil pactar la amnistía. Pero añadir a ese desafío la condición de “trabajar para hacer efectivas las condiciones para la celebración de un referéndum”, como premisa para la investidura de Sánchez, es volver al terreno de lo imposible

El Parlament aprueba condicionar la investidura de Sánchez al impulso de un referéndum

El PSC avisa a ERC y Junts de que se arriesgan a nuevas elecciones si exigen un referéndum

El hemiciclo del Parlament, durante el debate de política general

El hemiciclo del Parlament, durante el debate de política general / ELISENDA PONS

La irreprimible voracidad de los partidos independentistas vuelve de nuevo: ese afán de comerse entre ellos. Como un 'déjà vu', regresan la gesticulación institucional, ese ir subiendo la apuesta, ese llevar la presión más allá de la estricta mesa de negociación. ERC y Junts no son Ícaro deseando volar más alto o el rey Midas atesorando oro, más bien protagonizan un funesto duelo entre ambos personajes. Cada uno golpeándose el pecho tratando de retar e imponerse al otro. Mientras, el público asiste al espectáculo entre inquieto, perplejo o indiferente. El presente rima con un pasado que no acabó bien.

ERC y Junts suelen arrogarse la capacidad de hablar en nombre de Catalunya. Las palabras admiten el juego, pero la realidad exige datos. En este caso, los resultados electorales. Y nunca está de más recordar que los catalanes hablaron muy claro el pasado 23 de julio. ERC y Junts reunieron un total de 855.517 votos. PSC: 1.213.006. Si a esto se le añaden las 493.548 papeletas de Sumar, las exigencias independentistas suenan a extemporáneas. Es posible que en las pasadas elecciones los socialistas atrajeran voto útil contra un Gobierno del PP y Vox. Precisamente por ello, la voluntad de la mayoría debería guiar los acuerdos.  

No es fácil pactar la amnistía, delimitar su alcance, definir a quién beneficia y a quién no, ajustar el acuerdo para que no suponga un agravio al resto de la ciudadanía (especialmente, en los casos del malversación), evitar humillar a los que se vieron cuestionados e insultados por discrepar o, simplemente, advertir del abismo que venía… No, nada de esto es fácil, pero en pro de la convivencia, para librarnos de lastres y rencores, puede tener sentido. Pero añadir a ese desafío ingente la condición de “trabajar para hacer efectivas las condiciones para la celebración de un referéndum”, como premisa indispensable para la investidura de Sánchez, es volver al terreno de lo imposible. ERC y Junts saben que topan con una línea roja y, de nuevo, vuelven a bailar sobre ella. 

Ícaro cayó al mar cuando el calor del sol deshizo la cera que mantenía unidas sus plumas. Midas murió de hambre, pues todo lo que tocaba se convertía en oro. La primera temporada del duelo entre Ícaro y Midas hundió a Catalunya en una parálisis política de la que ahora empieza a recuperarse. Repetir elecciones tiene mucho de desperdicio de tiempo y esfuerzos, de burla a la ciudadanía, pero trabar un acuerdo bajo el influjo de tan altas y ciegas miras condenaría a toda la investidura a una parálisis desoladora.