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Alfonso González Jerez
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Fernando Clavijo: lealtad, estrategia y pasión fría

Archivo - El nuevo presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, durante la segunda jornada del Pleno del debate de investidura del nuevo presidente del Gobierno de Canarias, en el Parlamento de Canarias, a 12 de julio de 2023, en  Santa Cruz de

Archivo - El nuevo presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, durante la segunda jornada del Pleno del debate de investidura del nuevo presidente del Gobierno de Canarias, en el Parlamento de Canarias, a 12 de julio de 2023, en Santa Cruz de / Europa Press - Archivo

En cierto sentido, Fernando Clavijo Batlle, presidente del Gobierno de Canarias y secretario general de Coalición Canaria, es un político que intenta parecerlo. Los políticos, en nuestra licuefacta y simulativa democracia, están condenados al sentimentalismo, al histrionismo bien atemperado, al protagonismo de un relato básicamente emocional. Clavijo no es de semejante pasta. No solo es un político que evita el sentimentalismo como una tarántula, sino que desconfía realmente de cualquier exhibición sentimental

A su juicio casi siempre son formas de insinceridad y lo que, a veces, es incluso peor: debilidades escenografiadas. Eso le aleja de su antecesor en el cargo, Ángel Víctor Torres, al que se le rompió la voz en algún que otro discurso y se le escuchó gemir en una rueda de prensa mientras un volcán escupía lava en La Palma; pero le acerca a Pedro Sánchez, un líder ergonómico que cuanto más sencillo y natural intenta parecer más repugna a la mayoría. 

Lo que recata a Clavijo no es un carisma magnético ni una simpatía profesional, sino una normalidad de andar por casa, una testarudez acrisolada, la capacidad de trabajo y el cumplimiento de los compromisos. En cuanto a lo demás –la necesidad del político de saber contarse– lo ha aprendido trabajosamente con los años.

Clavijo nació en San Cristóbal de La Laguna hace 52 años, hijo de un funcionario de Protección Civil y de una bibliotecaria. Con su padre no se entendió durante muchos años, hasta la reconciliación final; por su madre siente una devoción filial. Para Clavijo, la familia –al menos la suya– es singularmente importante: el único lugar donde puede ser él mismo del todo. Más tarde se casó con la novia de toda la vida –una abogada– y tiene dos hijas. Vivió en diversos barrios laguneros. Era un chico, primero flacucho, después algo gordinflas, tímido y corajudo a la vez. Harto de las bromas de compañeros y colegas decidió meterse a clases de kárate: perdió peso, se fortaleció, dice la leyenda de los pelotas que consiguió llegar a cinturón negro. 

Pocos años después se licenció en Económicas y comenzó a trabajar enseguida. Terminaría montando una saneada empresa de asesoría fiscal y financiera, pero antes tuvo varios curros más o menos ingratos. Clavijo se afilió a ATI, uno de los partidos fundacionales de Coalición Canaria, en 1992, un año antes de que el primer presidente del Gobierno de CC, Manuel Hermoso, tomara el poder. 

Lo cierto es que hizo un 'cursus honorum' singularmente veloz, en el partido y en el ayuntamiento. Fue Ana Oramas, la alcaldesa de La Laguna, quien lo eligió y tuteló como sucesor por una combinación de lealtad pragmática, inteligencia estratégica y una fría –en ocasiones helada– voluntad de poder. El joven concejal de Seguridad se convirtió en alcalde en noviembre de 2008, cuando Oramas decidió dedicarse exclusivamente al Congreso de los Diputados. Y ahí estuvo hasta 2015, cuando se presentó por primera vez para ser presidente del Gobierno canario. 

Antes había tenido que conformar –en una conspiración secreta que conocía todo el mundo–una mayoría para descabalgar a Paulino Rivero de la dirección del partido y de la candidatura presidencial. Rivero era entonces una suerte de Francis Underwood a la sombra de una higuera desfalleciente, Coalición Canaria. Costó una enormidad echarle.

A Fernando Clavijo han intentado liquidarlo políticamente con dos denuncias que no llegaron a fructificar. Ni siquiera llegó a ser procesado. Una vez eludida las celadas en los juzgados, de inequívoca inspiración socialista, se presentó de nuevo el pasado mayo, y a través de un pacto con el Partido Popular recuperó la presidencia regional. Sus objetivos: quiere que quien gobierne cumpla la agenda canaria y, como un convencido socioliberal, quiere más libertad económica, menos y mejor burocracia, más apoyo a pymes y autónomos, excelencia en la educación pública y un sistema sanitario sostenible. Tal vez la agenda demandada y ese socioliberarismo reformista son incompatibles. Pero hasta ahora nadie se lo ha dicho.