El trasluz
Juan José Millás
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A ver si se me pasa

un hombre

un hombre / Sad man alone walking along the alley in night foggy park. Back view., Sad man alone walking along the alley in night foggy park. Back view.

Un tipo me pasó una pastilla que me tragué con medio vaso de agua. Al poco, la realidad se movió ligeramente, como tratando de hallar encaje en un continente invisible. El movimiento duró un par de segundos. Luego entró en la habitación un médico con una caja debajo del brazo. En la caja, al abrirla, aparecieron dos manos que el doctor sustituyó por las mías. Fue sencillo: como desmontar y montar las piezas de un motor. Desperté en el momento de probar el funcionamiento de las nuevas extremidades.

Más tarde, me pareció que los dedos que sujetaban el cepillo de dientes eran falsos. Hice café, desayuné, fui a por el periódico, lo leí... Todo iba bien, excepto esa sensación de funcionar con dos prótesis. Después de comer, eché en el sofá una cabezada durante la que el médico del sueño anterior me vació las cuencas de los ojos para colocarme dos globos oculares extraños. Al despertar, parpadeé un par de veces como para ajustármelos. Le pregunté a mi mujer si me notaba algo raro y dijo que no, pero mis sensaciones no eran las normales.

Salí a caminar. Las manos, al final de los brazos, me pesaban como si fueran de un material distinto al de la carne. En cuanto a la realidad, tenía algo de alucinación, como si la creara yo en el momento mismo de mirarla. Entré en una cafetería en la que me sirvieron una copa de vino. Al cerrar los párpados un momento, para descansar de aquellos estímulos, me vi en otra dimensión con mis verdaderas manos y mis verdaderos ojos. Pero no era yo, sino alguien al que habían trasplantado mis miembros. Había por ahí un tipo jugando con los cuerpos.

Esa noche me metí en la cama con miedo a soñar con el médico diabólico. Pero no ocurrió nada. Cuando sonó el despertador, me revisé y reconocí como míos todos mis órganos. Más tarde, sin embargo, en la calle, me pareció que algo no funcionaba, y lo que no funcionaba era que me habían cambiado entero por otro idéntico a mí. No podía negar que era yo, aunque al mismo tiempo era otro. Me pregunté adónde habrían enviado a mi yo auténtico, pero como ni mi familia ni mis amigos notaron nada, decidí fingir que continuaba siendo yo y en esas estamos todavía, a la espera de que las cosas se recompongan.