Emilio Pérez de Rozas
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Si suena tu móvil y es Albalat, mejor descuelga

El periodista de tribunales de EL PERIÓDICO ha recibido el premio a la trayectoria del Ilustre Colegio de la Abogacía de Barcelona

Jesús G. Albalat, especialista de EL PERIÓDICO en información judicial.

Jesús G. Albalat, especialista de EL PERIÓDICO en información judicial. / El Periódico

Cuando suena tu móvil y en la pantalla se ilumina el nombre de Jésús G. Albalat, prepárate, amigo, acabas de caer en las garras del tipo que o te va a complicar la vida durante días, semanas o meses, o te va a convertir en el periodista de moda del momento.

Cuando suena tu móvil y en la pantalla se ilumina el nombre de Albalat, tienes, claro, dos opciones, las de siempre, descolgar o hacerte el loco. Tú sabes para qué te llama. Albalat ¡jamás! llama para felicitarte el santo o para decirte que le ha encantado tu último artículo o información. Albalat no lee a nadie. Albalat solo olfatea, persigue, rastrea, husmea.

Así que si suena tú móvil y aparece iluminado el apellido Albalat, mejor descuelga y, luego, si te atreves, si tienes narices, si eres un puto cobarde, dile que no quieres saber nada de lo suyo. Pero díselo, es lo mínimo que puedes hacer cuando te llama el mejor sabueso de la ciudad. Merece que descuelgues.

El puto amo

Albalat es, dicen, yo no lo he visto, pero me lo creo, el único ser humano que no pasa por el detector de metales al entrar en los juzgados de Barcelona. No lo digo porque crean que es un ser, que lo es, incapaz de llevar una pistola o un cuchillo. No, no, parece ser que se lo permiten porque va tantas veces, insiste tanto, vive allí, que para qué molestarle.

Y cuando consigue la prueba del delito, o lo que parece la prueba del delito, entonces empieza su investigación. Repito, lo sé porque, poco o mucho, me ha tocado descolgarle el teléfono más de una vez y es impecable en lo suyo.

Quiero decir que otros podrían tirarse a la piscina con lo que tienen. Albalat, no. Albalat quiere comprobarlo todo y, si necesita tu ayuda, porque haya visto en la documentación que tiene en sus manos que tú, tus conocimientos, tu experiencia, tu especialidad, la temática que manejas o, mejor (perdón, peor aún) tu móvil, es decir, los miles de teléfonos que tu atesoras (uno tiene ya 72 años), le pueden servir para dibujar un mejor escenario, para interpretar mejor lo que tiene entre manos, para contactar con alguien que le amplíe la información que quiere ofrecer a su lector. Te llamo, te persigue y, la verdad, ni te suplica: sabe que tú no le fallarás.

Albalat no se vuelve loco por ser el primero, se vuelve loco por ser el que lo cuente más y mejor

¿Por qué hace todo eso Albalat, si ya tiene los papeles en sus manos? Porque Albalat jamás ha querido ser el primero en publicar algo: ha querido, quiere, ser el que lo cuente mejor, más detalladamente, no el primero. Y como es tan bueno, a veces incluso ambas cosas coinciden.

Jesús Albalat

Jesús Albalat / EL PERIODICO

Por eso es un placer ser amigo de Jesús. Por eso es un orgullo ser su compañero. Por eso es la releche comprobar que aquello que tú llevas pensando toda la vida, que Jesús G. Albalat es de los grandes, grandes, acaba confirmándose con otro premio, bueno, con otro reconocimiento.

No suelta un caso

Hay que ser muy bueno, hasta demasiado, para que alguien que se pasa la vida tocando las narices a los abogados sea premiado por los letrados. Porque si de algo se habrán dado cuenta ustedes, queridos lectores de EL PERIÓDICO (bueno, Jesús ha aparecido mucho en la tele, sí, sí, pese a lo poquísimo que le gusta), es que cuando Albalat atrapa un caso, no lo suelta.

Y diré una cosa, para acabar, es tan buen sabueso, tan bueno, tan extraordinario en lo suyo que, siempre, siempre, cuando elogiamos sus informaciones, siempre acaba diciéndote que el mérito es de Guillem Sánchez, otro gran 'perro', o de María Jesús Ibáñez, o cualquier compañero de la redacción que "ha arreglado mi texto".

No le hagan ni puto caso. Albalat es buenísimo, es sensacional. Si un día se ilumina su nombre en su móvil, descuelgue. O necesita su ayuda o usted mismo/a están metidos/as en un buen lío.