Opinión | APUNTE

Sònia Gelmà

Sònia Gelmà

Periodista

Guardiola, alegría incompleta para el culé

Guardiola besa la Champions tras ganar la final de Estambul al Inter (1-0).

Guardiola besa la Champions tras ganar la final de Estambul al Inter (1-0). / Afp

Pep Guardiola levantaba los brazos al cielo de Estambul y resultaba inevitable compartir su alegría. Lo celebraba con la gente del City pero para muchos barcelonistas era la victoria de uno de los suyos. La primera Champions de uno de esos clubs-estado que han entrado a escena desde hace unos años y que nos resultan molestos porque amenazan el viejo orden europeo. Nada romántico por ahí. 

Y aun así, la colonia de culés que trabajan en él nos provocan simpatía, al menos a unos cuántos. Otros recuerdan que para convertirse en referencia han dispuesto de un dineral. Y es cierto, como el de muchos otros clubes que no ganan.  

Cuatro años y nada más

La alegría de Pep es total, parece. La nuestra no, la nuestra tiene un punto de incompleta. Porque se nos mezcla algo de añoranza, de incomprensión, de tristeza, por no haber sido capaces de retener al mejor entrenador de la historia reciente y que además es del Barça desde que nació. Lo disfrutamos. Pareció entonces, por nuestra intensidad habitual, que fue una eternidad pero no fue tanto: cuatro años, repletos de éxitos. 

Pero este club, se lo pueden preguntar ahora a Xavi, tritura todo lo que se acerca a él. Nos dirán que por el entorno. Aunque escuchaba a Manel Estiarte explicar en Catalunya Radio lo que Pep encontró en Manchester y deslizar entre líneas, que allí sí, tiene una relación extraordinaria con los que mandan. No fue su culpa, concluyó. 

Ni la nuestra. Pero Pep siguió ganando. Y el Barça también, aunque lejos de aquella excelencia. Una perfección que nos impedía avanzar. Con el paso del tiempo, el listón ha bajado y nadie busca ya aquella combinación perfecta de elementos. Nada volverá a ser como aquello, y Pep lo sabe bien, por eso no vuelve, ni volverá, al menos como entrenador.

También lo sabe Xavi, pieza básica en el mejor Barça que hemos visto y que busca ahora su propio camino. Y no, nadie le pide que sea Pep y él es el primero que sabe que no lo es. Pues no debería haber problema entonces. Y sin embargo, lo hay.