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Joan Tapia

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Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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¿Quién generará más confianza?

Sánchez y Feijóo encaran la batalla final a cara de perro, pero el ganador será el que más conecte con las preocupaciones de los electores en un momento de gran incertidumbre

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, en la Moncloa

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, en la Moncloa / José Luis Roca

Han pasado las municipales, ahora vienen las de verdad, las generales. Sánchez hizo una mala campaña con una épica progresista desorbitada en vez de recordar los logros de su Gobierno, como la reforma laboral, pactada con los sindicatos y la CEOE. Fue absurdo convertir en tótem a una deficiente ley de vivienda que responde mal a un grave problema. Y peor aún que la presentaran Bildu y ERC. Todo para enmascarar los errores de una coalición que hizo cosas tan poco meditadas como la ley del 'solo sí es sí' que luego -con invectivas de Podemos- hubo que rectificar.

La campaña de Feijóo, derogar el sanchismo y demonizar a Bildu, fue también pobre. Pero ganó. Quizás porque conectó con la inquietud de parte del electorado con un Gobierno que en algunos momentos ha parecido dominado por Podemos. O que priorizaba la coexistencia con Iglesias a los consensos con la media España conservadora.

¿Qué va a pasar? El PSOE ha perdido siete de las nueve comunidades que gobernaba. Una debacle territorial que ha forzado a Sánchez a convocar elecciones. No tenía otra salida. Pero en el cómputo global el PP ha ganado por un poco más de tres puntos (31,5% a 28,1%) cuando en 2019 el PSOE ganó por siete. ¿Puede Sánchez dar la vuelta a los resultados? Tres puntos no es el fin del mundo, pero Feijóo sale con moral de ganador y Sánchez, que personalizó la campaña, de perdedor.

Los errores y excesos del Gobierno con Podemos son el pasivo principal del líder socialista. La mayor dificultad del candidato del PP es garantizar un Gobierno moderado si parlamentariamente tiene que depender de Vox

La proyección a unas legislativas de los resultados municipales -ejercicio que dice poco- indica que el PP ganaría con 142 escaños (ahora tiene 89) pero que incluso con Vox no tendría mayoría absoluta. Pero unas generales son otra cosa y la única encuesta conocida -la de El Confidencial- indica que el PP tendría 144 escaños y que, sumando los 52 de Vox, la derecha llegaría a 196, 20 más que la absoluta. Mientras el PSOE (93) y Sumar (25) se quedarían en 118.

¿Qué pasará el 23J? Creo que a la hora de elegir al futuro presidente los ciudadanos acabarán prefiriendo a quien, por encima de la crispación, las descalificaciones, e incluso la ideología, logre generar más confianza. Sánchez tiene activos -la economía aguanta y su papel en Europa- pero la gesticulación maximalista de Podemos -que ha consentido o secundado- le ha hecho perder autoridad y parecer poco fiable ante la extrema izquierda que el pasado domingo se estrelló en las urnas.

Feijóo se ha negado a obligados pactos de Estado como el del Consejo General del Poder Judicial y su experiencia en política internacional es limitada, pero en momentos de fuertes incertidumbres gran parte de la ciudadanía prioriza el orden. Y la derecha ya ganó las elecciones de hace dos años en Madrid, las de Castilla y León, las de Andalucía (con mayoría absoluta del PP) y las del pasado domingo. Pero Vox está ahí, el PP puede necesitarla y quiere condicionar a Feijóo. La relación con Abascal es su gran asignatura pendiente.

¿Quién sabrá modular más su discurso para generar más confianza? Sánchez ha mostrado agallas al convocar elecciones, pero su discurso del miércoles ante los diputados socialistas fue tremendista. A lo Camilo José Cela. No puede decir que el PP y Vox son lo mismo y calificarlos de "trumpistas". Entre otras cosas porque en Bruselas cada día tiene que pactar con Ursula von der Leyen que es del PPE. Y a estas alturas dividir el mundo entre buenos y malos es tan reduccionista que resta credibilidad.

Feijóo tiene marca de gestor pragmático (por Galicia), pero acercarse al centro -y liberarse de algunos entornos de derecha extrema- es su gran tarea. Y los pobres resultados del PP en Catalunya y Euskadi están ahí. ¿Pueden ser compensados con una reacción centralista en el resto de España? Parece no desearlo porque el miércoles dijo (en Barcelona) que partía con la ventaja de saber que el catalán y el gallego son dos lenguas españolas y que como presidente de Galicia siempre habló en gallego. Pero repetir que hay que elegir entre Sánchez o España también suena reduccionista.

Iniciamos la recta final. Quien, sin abdicar de sus ideas, sepa sacudirse los prejuicios ideológicos más primitivos y generar así más confianza será el ganador del 23J. Hay que elegir un presidente que sepa unir, no al líder de una cruzada de media España contra la otra media.