Opinión | Apunte

Agustí Sala

Agustí Sala

Redactor jefe de Economía

¿No gusta la semana de 4 días?

El ministerio de Industria no gastará ni la tercera parte de lo que tenía previsto para fomentar esta nueva organización del trabajo

Trabajadores de Publiservei

Trabajadores de Publiservei / Jordi Otix

Resulta un poco sorprendente que el ministerio de Industria no vaya a agotar los 10 millones de euros con los que se dotó para fomentar que las empresas prueben la semana laboral de 4 días. O sea, en vez de 40 horas, 32 semanales, sin recortar los sueldos.

Al final son 41 las compañías que han optado por apuntarse a esta prueba y, si superan los requisitos, no llegarán a consumir ni siquiera a un tercio de las ayudas previstas (2,8 millones). Como los destinatarios de este programa, fruto de las negociaciones de los Presupuestos del Estado para 2021 que Más Madrid apoyó a cambio de esta iniciativa, son pymes industriales quizás es que se han puesto algunas trabas difíciles de superar.

La primera es la falta de comunicación. El Ministerio ha difundido y explicado poco una medida que implica asumir un compromiso de una reducción de al menos el 10% de la jornada laboral ordinaria de una parte de las plantillas sin reducción de los sueldos.

Y otra posible traba es la necesidad para muchas de estas empresas de contratar los servicios de una consultora para elaborar un plan de viabilidad y evaluar los resultados. Eso supone una inversión inicial para un proyecto para el que no saben seguro si serán escogidas. Eso seguro que ha retraído a muchas.

Y una tercera y tal vez más importante: En caso de ser elegidas, a los dos años, sin subvención pública, las empresas se comprometen a seguir implementando la reducción de jornada sin reducción de sueldo. Menos horas de trabajo, pero el mismo coste salarial o incluso mayor si hay que contratar más plantilla. Si no la única vía posible es aumentar la productividad, es decir, hacer más y mejor en menos tiempo: el santo grial que persigue toda empresa. Todo un reto.

En todo caso, la digitalización, el teletrabajo y otros muchos cambios obligan a ensayar y negociar nuevas formas de trabajar que no están convenientemente reguladas, como recoge el último Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC). Y es que en el siglo XXI no todas recetas de la centuria anterior nos sirven