Ágora
Marc Lamuà

Marc Lamuà

Diputado del PSC en el Congreso.

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‘Auctoritas’

No hay ningún liderazgo solvente en toda la derecha para ser alternativa. Por eso presentan a Tamames

Ramón Tamames junto a Santiago Abascal.

Ramón Tamames junto a Santiago Abascal. / Vox

Hace pocas semanas empezaba el nuevo curso de las sesiones de control, que será capital por distintos motivos. En primer lugar, porque marcará el camino a las elecciones municipales y, segundo, pero no menos importante, porque será uno de los episodios más avanzados de la presente legislatura, que merecerá ser observada y analizada pasado un tiempo prudencial, cuando la agitación del día a día se evapore o cuando la voluntad de hacer daño para sacar rédito político se apacigüe, entonces se verá claro que ha habido auténticos pasos adelante a favor de la mayoría de las personas.

Esta legislatura ha estado marcada de forma muy acentuada por la pandemia de covid, primero, y también por el conflicto bélico que Rusia comenzó contra Ucrania. Ambas crisis han tenido un impacto brutal sobre nuestra sociedad y, por esa misma razón, sobre la vida parlamentaria. Creo que, en otro tiempo no muy lejano, una situación internacional como esta habría suscitado un cierre de filas ejemplar alrededor, no del gobierno como institución ocupada por un partido político, sino del gobierno como gestor de la red pública en común. Lejos de este ideal, la dinámica actual, afectada por la aparición de los populismos radicales, nos ha llevado a un ascenso constante de ruido y exabruptos.

Una lástima para quien espera, con razón –y sigue esperando siempre–, unas normas de comportamiento mínimas en sede parlamentaria. Hace tiempo que se conoce que, si la política radicaliza el lenguaje, esto se traduce en procesos de división y confrontación social, tan abyectos como inútiles. Ya es preocupante tener que conformarse con unos mínimos, hoy, porque resulta imposible esperar, o aspirar a unos máximos deseables de toma de decisiones por razones de país. Me he detenido a leer los periódicos de las sesiones históricas de estos años de democracia y he comprobado que se encuentran diferentes tonos, algunos durísimos y otros más suaves, pero la inmensa mayoría de intervenciones que he visto entran dentro de unos márgenes –amplios– de educación parlamentaria.

Respetar y seguir los códigos no escritos de las normas parlamentarias era, en primer lugar, respetar la máxima institución democrática. Además, esto fortalecía el vínculo con el conjunto de la ciudadanía que, con su voto, había cedido parte de su soberanía para construir el espacio público conjunto a partir de la acción política de unos representantes concretos. Era, a su vez, ser conscientes de que la función parlamentaria debía representar siempre el comportamiento social más respetable. Significaba, en definitiva, comportarse como digno aspirante a la valiosa ‘auctoritas’, que nadie puede apropiarse, sino que concede la gente a quien lo considera oportuno.

No es difícil imaginar que una parte de la ciudadanía seguro que espera más que nunca que sus representantes políticos actúen como dignos aspirantes a la ‘auctoritas’, cuando hay razones internacionales de peso que indican que hay que ser ejemplares y competitivos para superar dificultades.

Por todas estas razones, la noticia de la moción de censura de Vox resulta un paradigma de los tiempos parlamentarios que nos ha tocado vivir. Santiago Abascal ha pretendido –sin éxito– parecer que toma una decisión con humildad y ha propuesto a Tamames como candidato en lugar de presentar su candidatura. Todo lo contrario: se encuentra a años luz de la ‘auctoritas’ necesaria para poder presentarse como alternativa del presidente Pedro Sánchez en las Cortes.

Sin embargo, esta no es la noticia y ya es conocido... Todo lo que ha pasado, sin embargo, va más allá y evidencia que no hay ningún liderazgo solvente en toda la derecha para ser alternativa. Por eso presentan a Tamames. Toda una legislatura entera gastada en desprestigiar a un Gobierno que, con datos en la mano, ha fortalecido la gestión en circunstancias tan difíciles como las de la pandemia y la guerra. Y lo ha hecho con datos objetivos mejores que los países de nuestro entorno europeo.

Así, la moción de Vox es una ocurrencia más de las derechas. Una nueva acción que no prestigiará la vida parlamentaria, una distorsión a la acción de gobierno con voluntad de obstaculizar y generar un clima de precampaña, cuando lo que hace falta es centrar toda la atención en el buen gobierno. Tamames, en definitiva, deja también en evidencia la falta de liderazgos de toda la derecha parlamentaria.