Opinión | Depresión posvacacional y mucho más

Lucía Etxebarria

Septiembre, ese mes cruel

Quizá usted no se dé cuenta de que está atravesando lo que los sajones han dado en llamar el "post holiday blues". Después de diciembre y su Navidad, este es el segundo mes más odiado del año

Lluvia en Madrid

Lluvia en Madrid / Sergio Pérez

April is the cruellest month, escribió el poeta TS Eliot. Quizá usted no conozca la frase, pero el verso es recurrente entre los anglosajones, que lo citan a menudo. Sin saber ellos que Eliot se equivocaba. El mes más cruel, o así aparece en la mayoría de las encuestas, es diciembre. Muchos se deprimen en Navidad. El segundo mes más odiado, y temido, es septiembre.

Mucha gente tiene que volver a enfrentarse en este mes a un trabajo que no le gusta. O que le gusta, pero es aburrido. Algunos se han peleado este verano con su pareja. Otros, al contrario, han vivido un maravilloso verano del amor… pero el objeto de su amor se ha quedado a seiscientos kilómetros. Muchos y muchas se enfrentan a gastos extra: los libros de los niños, los uniformes, las matrículas…

Sí, usted también odia septiembre. Ya lo decía Green Day : Wake me up when September ends (despertadme cuando acabe septiembre). Y eso querríamos muchos, dormir todo septiembre y despertar en octubre, a poder ser en el superpuente de la Hispanidad, por favor. Volver de las vacaciones a la rutina se hace muy duro para algunos. No superan lo de pasar de la arena al asfalto, del chiringuito de playa a la oficina, de los días luminosos a los grises.

Quizá usted no se dé cuenta de que está atravesando lo que los sajones (de nuevo) han dado en llamar el “post holiday blues”. Quizá se nota raro o rara, pero no le ha puesto nombre a lo que le pasa.

Así que le voy a hacer unas preguntas:

¿Lleva usted más de dos semanas en los que nota cambios en el estado de ánimo? Es decir, ¿experimenta tristeza, irritabilidad y/o sentimientos de desesperanza, de sentirse mal consigo mismo?

¿Le duelen más las críticas que de costumbre? ¿Salta a la mínima?

¿Se reprocha a sí mismo por situaciones que no son su responsabilidad? ¿Experimenta sensaciones de vergüenza y culpa?

¿Llora?

¿Le cuesta muchísimo concentrarse? ¿Tareas que antes eran muy fáciles ahora le resultan un mundo?

¿Experimenta mucha fatiga y cansancio?

¿Está sufriendo cambios en patrón de sueño? (o duerme mucho más que antes o padece insomnio)

¿Nota cambios en los hábitos alimentarios (ganas de consumir carbohidratos simples, como los alimentos con azúcar, y tendencia a comer más, con el consiguiente aumento de peso)

¿Ha disminuido su actividad social? ¿Pasa menos tiempo compartido con amigos y además ni siquiera le apetece hacerlo?

Si ha contestado sí a más de tres preguntas y, atención, no se sentía usted así en agosto, no cabe duda: Sufre usted de tristeza postvacacional

¿Qué es la tristeza postvacacional?

 

¿Qué causa la tristeza postvacacional?

Hay relativamente poca investigación sobre el tema, pero el consenso entre los expertos es que la culpable principal es la bajada de adrenalina. La suspensión abrupta de las hormonas del estrés después de un evento importante, ya sea una boda, una fecha límite importante o las vacaciones, puede tener un impacto profundo en nuestro bienestar biológico y psicológico.

Pero la adrenalina seria solo una parte de la ecuación. También influye el efecto de contraste. Se trata de una forma de sesgo cognitivo donde la percepción de las diferencias aumenta o disminuye como resultado de la exposición a algo con características similares, pero con diferentes cualidades clave. Es decir: se trata de la forma en que el cerebro intenta restaurar el orden mientras se ajusta entre experiencias marcadamente diferentes. Y para la gran mayoría de los curritos de a pie, y de los que somos padres y madres, el verano supone una gran desviación de nuestra rutina normal. La readaptación nos cuesta.

 

Emociones que puede usted sentir en septiembre

Si bien el "síndrome posvacacional” no supone un caso grave de depresión en la mayoría de las circunstancias, lo cierto es que quienes lo sufren están buscando un camino para volver a la normalidad. Y la normalidad, o lo que cada uno entendemos por normalidad, tiene un aspecto diferente para cada persona. Por eso las emociones involucradas con la tristeza posterior a las vacaciones varían ampliamente.

Las emociones comunes que sienten las personas incluyen:

Vacío

Quizás se pregunte usted por qué se siente vacío. Varias razones, incluido el agotamiento, pueden contribuir a que se sienta usted así. Después de todo, el verano siempre es frenético, incluso si no te has movido de casa. Se sale mucho más, se interacciona mucho más. Y según las estadísticas, se practica más sexo.

Decepción

Este sentimiento de decepción después de las vacaciones podría ser simplemente su recuperación de intensas emociones positivas. Por ejemplo, mucha gente comparte vacaciones con familiares, y es posible que usted haya sentido una alegría y felicidad extremas al ver a sus amigos y familiares. Muy en particular si la pandemia le alejó de ellos.

Muchas personas han podido volver a vivir experiencias, como festivales o conciertos, que no habían vivido en dos años. Y otras han viajado por fin al extranjero, después de dos o tres años sin poder hacerlo.

Es posible que ahora se sienta deprimido a medida que sus emociones se regulan y reajustan. Es decir: todo lo que sube, baja. Es como cuando uno vive un amor de verano a los quince años y se tiene que despedir desde la ventanilla del autobús. Ha sido precioso y es maravilloso haberlo vivido, pero se sienten ganas de llorar.

Soledad

Por el contrario, es posible que se haya sentido usted especialmente aislado y solo en verano Tal vez por cuestiones económicas se tuvo que quedar en casa. Tal vez sea uno de ésos o ésas cuya pareja se rompió en verano.  Para aquellos que se sienten solos en vacaciones o después, los psicólogos aconsejan que cultiven su sentido de gratitud y sean amables con ustedes mismos. Incluso que escriban su diario de gratitud: Cada noche, escriba tres cosas bonitas que le hayan pasado hoy. Aunque sea haber acariciado a un perrito mono en la calle o haber reencontrado un pendiente que creía perdido. Pequeñas cosas.

Estrés

Otra razón más para sentir la tristeza posterior a las vacaciones es que está usted estresado. Si viajó por primera vez en mucho tiempo, la logística podría haber complicado las cosas. Prepararse para un largo viaje en automóvil o un vuelo y regresar de él ya es bastante difícil. Además, mantenerse actualizado sobre las reglas en constante cambio sobre el uso de mascarillas, los requisitos de vacunación y los no sé cuántos documentos que debes aportar en el aeropuerto, puede haber agregado a su lista de tareas pendientes una sensación de agobio interminable. Especialmente si usted es como yo: despistado.  Después de tanta sobre-estimulación, en el regreso a casa el estrés continúa: deshacer maletas, poner lavadoras, revisar correo…. Si bien es posible que haya disfrutado de las vacaciones, lo cierto es que usted interrumpió su rutina y realmente no tuvo mucho descanso.  Yo, por ejemplo, volví de vacaciones agotada. Me lo había pasado muy bien, sí. Pero dormir, lo que se dice dormir, casi no había dormido en quince días.

Pérdida

Si estaba cerca de su familia y ya no lo está, es posible que se sienta decepcionado y también con una sensación de pérdida. Lo mismo sucede si se ha separado en vacaciones. Recuerde que las emociones durante y después del período de vacaciones pueden aumentar especialmente: las vivimos de forma más intensa, porque no teníamos la rutina y las preocupaciones laborales para desviar el foco.

¿Por qué nos sentimos tan deprimidos después de las vacaciones?

Por el cambio de rutinas

Por la luz

Los neurocientíficos opinan que esta depresión se origina por la disminución de la luz solar, que afecta al cerebro, pues influye en la producción y la síntesis de determinadas hormonas claves en el cerebro. Dos sustancias químicas específicas, la melatonina y la serotonina, podrían estar involucradas. Ambas contribuyen a regular los ciclos de sueño-alerta, la energía y el estado de ánimo. Los días más cortos y oscuros del invierno podrían ocasionar un incremento en los niveles de melatonina y una disminución en los de serotonina. Y los bajones de serotonina nos deprimen.

En septiembre cada día disminuye tres minutos la luz solar y eso afecta en los ciclos circadianos, que nos activan por la mañana y nos deja iniciar el sueño por la síntesis de melatonina.

La luz solar es imprescindible para todos y también la vitamina D, que tiene que ser asimilada con el sol.  Pero muy en particular para las personas con tendencia a la depresión o la ansiedad.

En general, el cuerpo se va habituando a medida que la luz se va reduciendo. Se entiende que en un lapso de 3 a 4 semanas tenemos que sentirnos repuestos de esta pesadez física, mental y emocional que es la depresión post vacacional.   Si se extendiera más, habría que buscar ayuda profesional

Porque nuestro cerebro nos está engañando

Paradójicamente, el bajón de septiembre puede suponer un signo de un funcionamiento psicológico saludable. Es solo una de una serie de ilusiones que nuestro cerebro fabrica. Nuestro cerebro nos hace ver las cosas más tristes de lo que en realidad son porque las está comparando con las vacaciones. Irónicamente, la capacidad de engañarnos a nosotros mismos todos los días es una indicación de un buen funcionamiento mental y psicológico.

Entonces, si disfrutamos de nuestras vacaciones y si preferimos estar de vacaciones que volver al trabajo, pagamos el costo emocional de un descanso bien disfrutado y experimentamos un descenso hacia nuestra línea base de bienestar.

Porque estamos emocionalmente agotados

El peso considerable de navegar situaciones novedosas y de gestionar nuestras relaciones personales en condiciones que no son aquellas a las que estamos acostumbrados es otro factor posible que desencadena esa depresión posterior a las vacaciones.

Según la Dra. Judith Orloff, - psiquiatra y autora de "Thriving as an Empath”- ( https://www.amazon.com/Thriving-Empath-Self-Care-Sensitive-People/dp/1683642910)  poner  buena cara y fingir felicidad puede ser increíblemente agotador. Y a muchos nos toca hacerlo en vacaciones, si hemos viajado en familia o con un grupo de amigos. A veces no estamos del todo contentos con las actividades propuestas, pero adoptamos una fachada sonriente por el bien del grupo.  Es decir, nos "armamos" durante el período de vacaciones, como mecanismo de afrontamiento para lidiar con el estrés y las emociones y situaciones difíciles. Nos armamos de paciencia, de resignación y de estoicismo. Pero lo pagamos después.

Por el cambio de dieta

Las dietas de chiringuito, regadas de carbohidratos, azúcar, alcohol y aceite de mala calidad con las que muchos de nosotros nos alimentamos (o más bien sobrevivimos) durante las vacaciones también podrían ser culpables. El alcohol es un depresivo ampliamente reconocido y la investigación también ha relacionado la comida basura con la depresión. Como era de esperar, después de un período de casi un mes de excesos, es posible que no nos sintamos lo mejor posible. Muy especialmente si en casa llevamos una dieta sana.

Consejos sobre cómo sentirse mejor

Más tiempo.

Lo de siempre: Haga ejercicio, coma bien.

Esto no quiere decir que se mate usted en el gimnasio. Le basta con salir a pasear una hora diaria para segregar endorfinas, que son antidepresivos naturales. Recuerde que también contienen antidepresivos naturales el pescado, los cereales integrales, el chocolate negro y el té verde. Y ya he dicho que hay que evitar carbohidratos, azúcar y alcohol.

Intente dormir lo suficiente.

Cuéntelo.

Explique por qué se siente mal. Cuéntele a tu familia y amigos cercanos por lo que está pasando. Podrían ser útiles. Y si no lo son, al menos no le sobre- exigirán a usted tareas que no puede cumplir

Hable. Converse. Pero no lo haga por WhatsApp.

Piense en alguien con cuya compañía disfrute, y llame a esa persona por teléfono. En lugar de quejarse de su estado de ánimo, pregúntele sobre la mejor parte de sus vacaciones o el momento más divertido. Intente tener una conversación divertida y alegre, no se concentre en su estado de ánimo, intente contagiarse del ánimo de la otra persona

 Salga de casa.

A veces se crea un ciclo de estímulo- respuesta: estoy en casa solo y me deprimo, por lo tanto, cuando regreso del trabajo he asociado la casa a la tristeza, y me entristezco.  Incluso en un día gris, se sentirá mejor fuera que dentro. ¿Se acuerda de cuando su abuela le decía “sal a que te dé el aire”? Pues tenía razón. Respirar aire fresco libera endorfinas.

Cuide el choque cultural inverso

¿Y eso que es? Pues viene a ser cuando nos preguntamos; "¿Qué estoy haciendo en (inserte un lugar aburrido) cuando podría estar de vuelta en (inserte un destino de vacaciones fabuloso)?"  En mi caso: “¿qué hago en el centro de una ciudad altamente contaminada cuando podría estar nadando en las aguas cristalinas de la Puglia?”  Escriba diez cosas que ama de la ciudad en la que vive. Yo escribí: los bares, los museos en general, el museo del Prado en particular, los cines, el parque del Retiro, la amabilidad de la gente, los camareros castizos, las iglesias antiguas, las tiendas de discos antiguos, la filmoteca. Lo que usted escriba es completamente subjetivo, pero podría ser cualquier cosa, desde dar un paseo por un parque cercano hasta cómo le saluda todas las mañanas el camarero en el bar al que va a tomar café.

Recree algo que conoció en verano

Ya sea que haya estado en Ibiza o en Italia, recuerde algunas de las cosas que hicieron que sus vacaciones fueran tan relajadas. ¿Fue un chupito de hierbas ibicencas o el Aperol? Puede recrear este estado de ánimo en su propia casa: solo tiene que paladear otro chupito u otra copita de Aperol. En Madrid o Barcelona encuentras todo tipo de licores en grandes almacenes, pero si no vive en una gran ciudad puede usted encárgalos por internet. Mucho mejor si recrea el tipo de cena que tomaba allí.  Muchos grandes supermercados ahora tienen líneas de los países o regiones que has visitado, así que haga el esfuerzo de planificar un menú con productos locales. Los sabores del país que visitaste le recuerdos. A veces también basta con escuchar la música que se escuchaba allí.

Por último, y este consejo se aplica a cualquier momento de tu vida y no solo a septiembre:

Aceptemos las emociones que nos toca vivir.  Aprovechemos y disfrutemos cualquier momento libre que tengamos por pequeño que sea

 Aunque no nos guste sentir, tristeza, melancolía angustia o rabia, fatiga o cansancio, suponen una respuesta funcional de nuestro organismo a los cambios. Permitirse llorar o aceptar que estamos tristes no cambiará la realidad, pero sí que nos permitirá vivirla de una manera más serena.  Siempre, en cualquier momento de la vida, debemos pensar en lo bueno que tenemos y no en lo malo. La suerte de que tenemos de haber podido disfrutar de unas vacaciones, o de tener un trabajo, o de tener amigos. O simplemente, de vivir en un país europeo donde si nos desmayamos en la calle nos llevarán a urgencias y nos atenderán (algo que no te sucedería a día de hoy en Siria y Yemen). La suerte que tenemos de contar con nosotros mismos.

Todos deseamos ser felices, pero para serlo debemos atendernos, escucharnos, cuidarnos y concedernos tiempo y calma cuando lo necesitamos. Muy especialmente en septiembre.