Tribuna de Pilar Rahola Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Punto de encuentro

Hace tanto tiempo que no nos leemos entre nosotros, que nos hemos convertido en habitantes de departamentos estancos sin vasos comunicantes

4
Se lee en minutos
Pilar Rahola

Pilar Rahola / JORDI COTRINA

Desde el pasado domingo, cuando se anunció que colaboraría con EL PERIÓDICO, he tenido la sensación de vivir en la mítica canción de los Burning, aquella del "¿qué hace una chica como tú...?", pero versionada según la sensibilidad de cada córner ideológico. Para unos, la pregunta es ¿qué hace una independentista comprometida en un diario españolista? Y rápidamente se han abierto las puertas del infierno: ¡traición! Para los otros, ¿qué hace una hiperventilada irredenta en un diario serio? Y se ha activado el desprecio... Y, en ambos casos, en esta realidad nuestra tan frontista, la convicción de que no estoy en mi sitio, de que soy una intrusa. Es decir, que estoy en un territorio que no es el propio, ni para los me han seguido en otros lugares y nunca querrían verme aquí, ni para los que habitualmente siguen este diario, y no les intereso nada.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Probablemente es así: soy una intrusa. Hace tanto tiempo que no nos leemos entre nosotros, que nos hemos convertido en personas-anuncio, en simples etiquetas que nos definen sin matices, ni complejidades, habitantes de departamentos estancos sin vasos comunicantes. Nos hablamos mucho, pero no nos escuchamos. Vivimos una realidad polarizada que nos impide tejer complicidades, tan extraños unos de otros que hemos olvidado que formamos parte de una misma ciudadanía. Por eso me gusta la idea de ser una intrusa, porque serlo implica entrar en un territorio ajeno, mezclarnos, contaminarnos, con la desesperada voluntad de superar el estadio de las pancartas y llegar a poner ideas allí donde solo triunfan las consignas.

Soy una persona de fuertes convicciones y lo digo sin tapujos: las pienso defender con toda la artillería dialéctica. No engaño. Respecto a Catalunya, quiero la independencia de mi país, y no creo en aplazamientos 'sine die', que solo sirven para decepcionar. También estoy convencida de que el debate independentista se ha criminalizado para combatirlo, y así todos nosotros nos hemos encontrado estereotipados, simplificados, señalados. Como si no fuéramos gente con razones profundas, sino simples lunáticos en plena fase de iluminación. En este sentido, el proceso de deshumanización del movimiento y de los líderes independentistas, y especialmente del 'president' Puigdemont, ha sido minucioso y descarnado. Sin embargo, también ha sido inútil, porque deshumanizar a las personas no neutraliza la causa, solo la tensiona.

Quizás gustaré poco o nada, pero no llego aquí para hacer ruido en las redes, ni para conseguir adeptos, sino para soltar pequeñas migajas de pensamiento, con la esperanza de que sean de alguna utilidad en el debate de las ideas

Noticias relacionadas

Más allá de la causa catalana, mi mirada es heterogénea. Respecto a los derechos civiles, creo en la libertad sin mordazas. En otras cuestiones soy muy heterodoxa: a veces me sitúo en espacios centrales del pensamiento, y otras veces soy una 'outsider' que navega tercamente contra el buenismo de la corrección política. Y en la mayor parte de los casos soy incómoda, porque la incomodidad es un revulsivo necesario. En este sentido, no creo en la división pétrea entre derechas e izquierdas, porque rehuyo los dogmas de fe y las ideologías convertidas en religiones. Si tuviese que definirme, soy una militante de la duda, alguien que se hace preguntas más allá de las respuestas de todo a cien, que venden en el mercado de la demagogia. Quizás este es el síntoma de la debilidad del momento actual: vivimos un tiempo en el que tenemos todas las respuestas, amontonadas, precipitadas, superficiales, y a la vez hemos olvidado cuáles son las preguntas.

Me presento, pues, desnuda de excusas, sin trampa, ni cartón. Escribiré estos artículos con una honestidad radical, convencida de que gozar de un espacio generoso donde poder opinar libremente es un lujo y una responsabilidad que no pueden ser traicionados con argumentos falaces. Soy una militante de la palabra, una amante de la esgrima dialéctica, y creo que es, en la confrontación inteligente, donde adquirimos la condición de ciudadanos. Este es el pacto que establezco con el lector: el de la autenticidad. Pensamiento crítico a lado y lado: en el artículo y en la lectura que se haga de él. Quizás gustaré poco o nada, pero no llego aquí para hacer ruido en las redes, ni para conseguir adeptos, sino para soltar pequeñas migajas de pensamiento, con la esperanza de que sean de alguna utilidad en el debate de las ideas. Y lo haré siempre desde mis propias convicciones, despojada de artificio, totalmente convencida de que solo el pensamiento libre garantiza una sociedad saludable.