APUNTE

Laporta necesita ayudarse un poquito

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Laporta necesita ayudarse un poquito

Jordi Cotrina/Vídeo EFE

En el FC Barcelona el viento cambia de dirección bruscamente. Lo saben mejor que nadie los que llevan años trabajando dentro, expuestos a las alarmas que balancea la actualidad. Nunca conviene fiarse de la calma. La calma es la carrerilla que se toma la siguiente tormenta antes de explotar. ¿Quién podía imaginar después de la magistral goleada en el Bernabéu y el paseo militar a lomos de los números secretos de Spotify que el presidente escucharía los primeros gritos de dimisión y el entrenador hablaría con el tono bajo de un recién operado, sin título al que tratar de echar el lazo?

La flacidez deportiva coincide con el atolondramiento de la institución ante la indignación por la pésima gestión de las entradas del día del Eintracht. Joan Laporta realizó dos intervenciones tan rápidas como incompletas que obligaban a una rueda de prensa formal. Cuando las cosas se ponen peliagudas, se aconseja dar la manguera al mandatario y que su carisma y retórica apaguen el fuego, pero esta vez la táctica falló. Incluso con tres intentos.  

En la tercera comparecencia dividió las explicaciones con los responsables de márketing y seguridad, aunque el peso correspondió a un Laporta que no sonó lo convincente que acostumbra. Seguramente porque no existe defensa plausible a una gestión que falló con estrépito por inacción y por falta de previsión, como si la invasión de 30.000 seguidores alemanes campeando por la ciudad no fuera una sirena de alerta suficientemente ruidosa. Extraña que se pueda pensar que 30.000 personas se pagarán un billete de avión y una noche de hotel sin disponer de una entrada en el bolsillo. Extraña, pero en el club se prefirió pensar así. Con razón se sintió desbordado el esquema de seguridad en el Estadi.

Corto de autocrítica

Laporta flojeó en su defensa, corto de autocrítica y fluido en repartir culpas al socio, a los touroperadores y hasta a la anterior directiva, la cual, cabe decirlo, convirtió en un asunto primordial la lucha contra la falsificación de entradas y las mafias de la reventa. Es una lucha compleja y desigual que se arrastra desde tiempos inmemoriables. Además, al abonado tramposo o siempre ausente nunca se le ha querido importunar en exceso más allá de algunos casos individuales que han acabado en los tribunales. Siempre se acaba por necesitar su voto en una ocasión u otra.

Veremos si el sistema de las entradas nominales y digitales promulgadas ahora será una solución eficaz para no volver a convertir el Camp Nou en una oktoberfest. De los errores se aprende y Laporta es listo, y cabe suponer que goza aún del favor mayoritario del socio. 

Las amistades

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El Barça, esa gran empresa familiar que dirige con incuestionable dedicación y bajo el principio rector de su instinto, necesita que la inspiración no le falle a falta de los mejores a su lado. Se lo pone a sí mismo difícil el presidente cuando prescinde de un director general acreditado y se rodea ante todo de personas a las que admira su sentido de la amistad más que sus méritos profesionales.

Vendría a ser el caso, el más reciente, del nuevo fichaje para dirigir el área de scouting de fútbol internacional, Paulo Araujo, sin currículum alguno en la materia pero al parecer amigo de Deco. Laporta necesita ayudarse un poquito más. E improvisar menos. Alguna tormenta se ahorraría.