Usos lingüísticos Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

¿El fracaso de la inmersión?

Es de lamentar la precipitación del departamento de Educació para lanzar su plan de promoción del catalán, que se basa en los datos de una encuesta del CSASE que ni siquiera se ha publicado

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El conseller de Educació, Josep González Cambray.

El conseller de Educació, Josep González Cambray. / ACN / Pol Solà

La semana pasada el 'conseller' de Educació, Josep González-Cambray, flanqueado por la 'consellera' de Cultura, Natàlia Garriga, presentó de manera sorpresiva un plan de promoción del uso de la lengua catalana en los centros educativos. La base empírica del plan es una encuesta realizada a alumnos de 4º de ESO, según la cual el uso del catalán en las aulas parece haber retrocedido respecto a las encuestas previas de 2006 y 2013, tanto por parte del profesorado como de los alumnos, especialmente cuando interactúan entre ellos. Ante el enorme revuelo causado (se ha hablado de fracaso de la inmersión y se han hecho llamadas dramáticas al rearme de la política lingüística), es urgente aportar un poco de reflexión serena.

En primer lugar, hay que evitar proyectar a todo el sistema educativo los hallazgos referidos a 4º de ESO, que por otra parte no se basan en hechos observados sino en la percepción que una muestra de alumnos tiene del uso de las lenguas.

En segundo lugar, es necesario insistir en que el sistema de inmersión no ha fracasado como mecanismo de bilingüización. Cada año, el Consell Superior d'Avaluació del Sistema Educatiu (CSASE) mide las competencias lingüísticas de los alumnos de 4º de ESO mediante pruebas específicas. En 2013, las puntuaciones de catalán y castellano obtenidas por los alumnos permitieron afirmar al CSASE que "el sistema educatiu català proporciona un coneixement equiparable de les dues llengües oficials de Catalunya". En este 2021 (cuando la encuesta registra la presunta 'caída en picado' respecto a 2013), las puntuaciones de catalán y castellano obtenidas por los alumnos han llevado al CSASE exactamente a la misma conclusión que hace 8 años: "hi ha evidència per continuar afirmant que el sistema educatiu català proporciona un coneixement equiparable d'aquestes dues llengües oficials de Catalunya en acabar l'educació obligatòria".

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En un plano más político, algunas reflexiones son también urgentes. En primer lugar, es necesario rehuir la tentación de la demagogia fácil. Es cierto que entre 2006 y 2013 (periodo que en buena medida coincidió con los tripartitos de izquierda) los indicadores del catalán en 4º de ESO se mantuvieron estables, mientras que la "caída en picado" se habría producido entre 2013 y 2021, coincidiendo con gobiernos independentistas. Pero no es obvio que el signo de los gobiernos de turno sea el principal factor explicativo de la aparente relajación de los usos lingüísticos en 4º de ESO, que seguramente obedece a causas sociales más profundas.

En segundo lugar, es de lamentar la precipitación del departamento de Educació para lanzar su plan, que se basa en los datos de una encuesta del CSASE que ni siquiera se ha publicado. En este sentido sorprende que el desencadenante del plan sea un supuesto estado de cosas que en realidad es el propio plan quien deberá establecer. (En la rueda de prensa, González-Cambray explicó que, como primer paso, hay que conocer cuál es la realidad lingüística de los centros educativos, a partir de la recogida de "evidencias".) Considerando el papel estratégico de la escuela en la política lingüística de la Generalitat, y considerando que la 'consellera' de Cultura ha anunciado en sede parlamentaria la elaboración de un Pacto Nacional por la Lengua, ¿no habría tenido más sentido que González-Cambray se hubiese abstenido de planificar 'en caliente' y hubiese enmarcado en el Pacto la situación del catalán en el sistema educativo? En la formulación de González-Cambray, y sobre todo en la interpretación que han hecho de ella determinados grupos de interés, hay aspectos muy delicados que necesitan mucho más consenso del que el Gobierno de Pere Aragonès parece dispuesto a solicitar. Que el profesorado debe usar el catalán es lo que dice la ley y podríamos decir que va con el sueldo, pero esperar que los alumnos, cuando interactúan entre ellos, también lo usen bordea un terreno pantanoso. Contra el parecer de sus detractores (de antaño y de ahora), la sociedad catalana ha aceptado el sistema de inmersión, pero no es evidente que esté dispuesta a aceptar nada parecido a la instalación de carteles con la inscripción "Parleu català" en las aulas y patios de las escuelas.