Opinión | Apunte

Xavier Bru de Sala

Xavier Bru de Sala

Escritor y periodista.

Yo soy la Assemblea

Laura Borrás, presidenta del Parlament de Catalunya

Laura Borrás, presidenta del Parlament de Catalunya / Job Vermeulen

Habría pasado desapercibida por completo, la conmemoración de la fundación de la Assemblea de Catalunya, de no haberse dado la doble circunstancia de la apropiación indebida por parte de una fracción del independentismo y por el otro la protesta del PSC, que se ha diferenciado de ERC o de los Comuns, que han hecho oídos sordos, levantando el dedo con tan santa como inútil indignación.

Mucha unidad que recordar pero muy poca para imitar en este tiempo de subdivisiones. Que la presidencia del Parlament ha pasado en tres capítulos de desafiar al Estado a simular que se burlaba de él para, finalmente, ponerse ridículamente al servicio de las ambiciones personales, más allá incluso de las de partido, es una secuencia tan conocida como poco interesante. Carme Forcadell se la jugó, Roger Torrent jugó al gato y el ratón y Laura Borràs espera encontrar el dinerito mientras barre las empinadas escalinatas de la propia mitificación. La triste secuencia solo importa a quienes igualan gestión de la autonomía con delito de alta traición.

Sin embargo, ni el más rocambolesco de los discursos es inocente. Cabe remarcar la curiosa circunstancia que lleva a estos mismos denunciadores del colaboracionismo a considerarse herederos en exclusiva del espíritu de la famosa Assemblea de Catalunya, aquella que supo unir a todos los demócratas tras la aspiración común de la libertad y, oh bienaventurada coincidencia, la amnistía y, lástima, la autonomía. El silogismo se interrumpiría aquí, dada la contradicción flagrante entre Generalitat y Estado propio, si no consideraran que la autonomía hace medio siglo reclamada no era más que un eufemismo por independencia, y en el peor de los casos un estadio tolerable para conseguirla convertido ahora en maldito obstáculo.

De modo que el repliegue del abanico hasta una sola opción, la del sector de JxCat más afín a la CUP, con algún comparsa de circunstancias, era totalmente intencionado. No fue el primero ni será el último intento de este sector de JxCat por apropiarse en exclusiva del marchamo de demócrata catalán.