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La propuesta de los Objetivos de Desarrollo Interno (ODI), que emerge de universidades y empresas nórdicas, es una lista consensuada de capacidades, cualidades y habilidades personales que necesitamos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible

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Luna, voluntaria de la Cruz Roja, consolando a un migrante en Ceuta.

Luna, voluntaria de la Cruz Roja, consolando a un migrante en Ceuta. / EFE / Reduan

Los días largos y cálidos de verano favorecen espacios de inactividad para la creatividad, la reflexión o incluso el vacío. En este marco mental, me ha parecido adecuado escribir sobre una iniciativa que nos llega de los países nórdicos: los Objetivos de Desarrollo Interno (ODI), que se postulan como el complemento a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) –esa agenda mundial para 2030, compuesta por 17 objetivos a los que no hay manera de acercarse de manera decidida–.

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A pesar de que son muchas las personas que llevamos el pin de los ODS en la solapa, a la hora de tomar decisiones y diseñar políticas, existen dificultades para alinear nuestra manera de funcionar con la de una agenda mundial. Recordando aquello que dijo Einstein de que “los problemas no pueden resolverse con la misma mente que los creó”, el poco avance hacia los ODS es una pista de que requerimos de una transformación social y personal más profunda, que nos equipe para poder mantener el planeta habitable.

La propuesta de los ODI, que emerge de universidades y empresas nórdicas, se concretará en una lista consensuada de las capacidades, cualidades y habilidades que necesitamos para alcanzar los ODS. El proceso de identificación se basa en dos métodos: la evidencia científica y la inteligencia colectiva. La evidencia científica está publicada y las universidades se ocupan de recogerla mientras que, para la inteligencia colectiva, se está utilizando un cuestionario y grupos de discusión. ¿Cuáles son los resultados? Según la última versión consultable, la novena, los ODI se clasificarán en cinco grandes categorías (Ser, Pensar, Relacionarse, Colaborar y Actuar) que, a su vez, tendrán algunas subcategorías.

Dentro de la primera categoría, Ser, se incluye la relación con nosotros mismos. En ella aparecen valores como la integridad personal y la honestidad, así como la capacidad de estar en contacto con nuestros propios pensamientos, deseos y emociones; tener una imagen realista de nosotros mismos y capacidad para la autoregulación. También en esta categoría se habla del concepto abstracto de “presencia”, definido como un estado excepcional en que podemos estar en el momento, aquí y ahora, abiertos y sin prejuicios. Un estado en el que se toman decisiones mejores, menos relacionadas con las carencias propias, sean estas conscientes o inconscientes. La presencia tiene la capacidad de sustituir el funcionamiento en “piloto automático” por otra respuesta más adecuada al momento. Los beneficios de una presencia de calidad vienen de antiguo: aparecen en los textos espirituales de los vedas, en el budismo, y, en su última versión, vienen reempaquetados en el ‘mindfulness’.

En la segunda categoría, Pensar, se agrupan las habilidades cognitivas que han demostrado la capacidad de generar soluciones: el pensamiento crítico, el potencial de entender la complejidad, tener perspectiva, crear sentido a través de la identificación de patrones, así como la capacidad de pensar a largo plazo manteniendo una visión estratégica. En la tercera categoría, Relacionarse, aparecen conceptos como la gratitud y apreciación de los otros, el ser consciente de la interdependencia entre nosotros, la humildad, la empatía y la compasión. Estas características también resuenan con valores religiosos tanto orientales como occidentales.

En la cuarta categoría, Colaborar, aparece la capacidad de comunicar, de dialogar, de co-crear con diferentes grupos de interés, de partir de un marco mental inclusivo con capacidad de entender la multiculturalidad. También menciona la confianza y la capacidad de movilización e inspiración.

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Por último, en la categoría Actuar, se incluye el coraje, definido como la capacidad de mantenerse firme, de tomar decisiones, de cuestionar las estructuras actuales. La creatividad, el optimismo y la capacidad de perseverar.

Todos estos objetivos internos son deseables, pero suponen un desafío colosal como metas personales. ¿Cuándo nos podremos considerar suficientemente críticos, valientes, íntegros, optimistas y creativos? Casi parece más sencillo acabar con el hambre en el mundo.