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La ausencia de Aragonès de la Conferencia de Presidentes ejemplifica ante de la opinión pública el onanismo al cual los partidos independentistas parecen haber condenado al país

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Pere Aragonès y Marta Rovira, este viernes en Ginebra.

Pere Aragonès y Marta Rovira, este viernes en Ginebra. / ACN

La siempre inteligente periodista y colaboradora de este periódico Mar Calpena resumía muy bien en un tuit la situación de surrealismo de la política catalana: “No salir en la foto también es una posición política”. Se refería, claro está, a la decisión del ‘president’ de la Generalitat Pere Aragonès de no acudir a la reunión de presidentes autonómicos en Salamanca.

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El relato del Gobierno catalán es muy manido: no hemos ido a una reunión en que no hay orden del día, no hemos querido hacernos simplemente una foto, solo acudiremos a reuniones bilaterales. La hipótesis de que la opción absentista de Aragonès sea para ganar fuerza negociadora ante el Gobierno de Sánchez parece a todas luces débil. Más bien, ejemplifica ante la opinión pública el onanismo al cual los partidos independentistas parecen haber condenado al país.

Seamos claros: la distribución y la gestión de los fondos Next Generation son probablemente el asunto político de más enjundia de las próximas décadas. Aún inmersos en las dificultades de la pandemia (en el caso catalán gracias también a las manifiestas incompetencias demostradas por el mismo Govern en las semanas en torno a Sant Joan), esos fondos representan la posibilidad no solo de salir del hoyo sanitario, económico y social en el cual se encuentra el país, sino ”la” –y no “una”, entre varias– oportunidad de repensar la realidad de cara al futuro. En la conferencia se anunció que un 55,5% del total de los 19.036 millones que España va a recibir de la Comisión Europea en 2021 y un 43% de los 24.197 millones presupuestados este año se transferirán a las comunidades autónomas.

Las fuerzas independentistas parecen decididas a mantener el relato de la última década, ya que creen que puede seguir proporcionándoles el consenso suficiente –ley electoral mediante– para seguir reteniendo la mayoría en el Parlament de Catalunya. Y, sin embargo, más allá de las opiniones que cada uno pueda tener en torno al tema de la independencia, a todas luces se trata de un relato desfasado y vinculado fundamentalmente a la competitividad interna del mismo gobierno, que interpela solo al electorado independentista más fiel, y que cada vez más se va separando de las preocupaciones principales del conjunto de la población.

Por otra parte, la apuesta por la silla vacía no deja de ser una contradicción con respecto a la que –nos explicaron todos estos años, y especialmente los republicanos– era la razón última de la demanda de independencia: no una reivindicación nacionalista, sino una batalla para la mejora de las condiciones de la ciudadanía.

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Algunas siempre estuvimos convencidas de que el repliegue identitario y la competitividad entre los partidos independentistas para el control de las instituciones autonómicas catalanas han sido el motor principal del ‘procés’. La andadura del nuevo Gobierno de la Generalitat impide rectificar este juicio. La semana pasada no nos dejó una imagen del ‘president’ Aragonès construyendo alianzas, confrontándose con otros dirigentes, aportando soluciones, cooperando con los otros representantes institucionales: trabajando, en definitiva, para mejorar las condiciones de los catalanes y las catalanas. En cambio, tenemos dos imágenes más. Una del mismo ‘president’ de visita a Marta Rovira en Suiza, el día en que su obligación era acudir a la Conferencia de Presidentes. Y otra, del ‘vicepresident’ Puigneró yéndose a una paella de notables políticos y empresarios del entorno ‘puigdemontista’ (con ex justicieros del despilfarro sanitario convergente en calidad de simpáticas mascotas) al lado de la frontera francesa, en la cual los asistentes se saltan todas y cada una de las normas sanitarias que se exigen a la ciudadanía.

Realmente, las imágenes (o la ausencia de las mismas) a veces valen más que mil palabras.