NÓMADAS Y VIAJANTES

Afganistán, 'game over'

Estados Unidos ha perdido una guerra de 20 años, como perdió las de Vietnam e Irak

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Un soldado estadounidense inspecciona un atentado en el norte de Afganistán

Un soldado estadounidense inspecciona un atentado en el norte de Afganistán / Noorullah Shirzada (AFP)

Quedan cerca de 1.500 soldados estadunidenses de combate en Afganistán. La retirada será completa el 11 de septiembre. No sirven para defender Kabul, pero saben que los talibanes no atacarán la capital mientras que vuele un solo B-52 sobre sus cabezas. Es una partida entre un jugador de póker acostumbrado a dar órdenes y conseguir soluciones inmediatas y una fuerza guerrillera que prefiere al ajedrez, conoce el terrenoy el valor de la paciencia. “Ustedes tienen relojes, nosotros el tiempo”, dice un aforismo afgano.

 Han pasado 20 años desde que George W. Bush ordenara el envío de tropas para expulsar a los talibanes y matara su huésped, Osama bin Laden, líder del Al Qaeda que se había atribuido los atentados del 11 de septiembre. Primero llegaron 1.300 comandos en noviembre de 2001; un año después, ya eran 9.700 soldados; en agosto de 2010, alcanzaron los 100.000 EEUU se metió en una guerra que no podía ganar. Enviaron todo lo que les sobraba: bombas y balas. No hubo una oferta civil. Faltó un proyecto de reconstrucción a 50 años vista.

Las mujeres y el burka

 Hubo necesidad de titulares optimistas para decir a los padres de los soldados muertos, ‘su sacrificio no fue en balde, llevaron la democracia a Afganistán’.Cuando entraron las tropas de EEUU en Kabul, algunas jóvenes se quitaron el burka delante de la CNN. Pensaron, ‘ya está, lo hemos conseguido’. Mientras, en el Afganistán rural de nuestros aliados de la Alianza del Norte, las mujeres seguían escondidas en un burka, aplastadas por una tradición machista. No hubo liberación, pese a que en estos años se ha elevado la tasa de alfabetización al 43%.

 El diario The Wall Street Journal informó de que los servicios de información de EEUU estiman que el gobierno afgano apoyado por Occidente colapsará en seis meses tras la retirada del último soldado. Sorprende el optimismo, es difícil que llegue a Navidades. Los talibanes se han hecho en las últimas semanas con el control de distritos próximos a Mazar-i-Sharif y Kunduz. Hay noticias en el este de tropas gubernamentales pasándose a los talibanes. No ayuda que esos soldados lleven meses sin recibir la paga o que el gobierno de Kabul haya incumplido sus acuerdos con los líderes tribales locales.

El poder del fanatismo 

EEUU ha fracasado como fracasó la URSS tras su invasión en 1979. Ninguno entendió el poder del fanatismo. Los primeros han perdido engatusados por su propaganda. El precio lo van a pagar las mujeres y niñas afganas, y todos los que tuvieron esperanza en un futuro mejor. La derrota soviética contó con ayuda de la CIA. Washington financió y armó durante años a las distintas facciones muyahidines. En una de ellas combatió un joven Bin Laden.

 Fue un golpe maestro al final de la Guerra Fría, un jaque mate que aceleró el desplome de la URSS. Pero nadie previó las consecuencias a largo plazo. Aquella batalla contra el comunismo fue un criadero de organizaciones islamistas radicales que salieron armadas y entrenadas. En poco tiempo cambiaron de satán, de una guerra santa a otra. Ahora, el enemigo es Occidente.

 Están detrás de los atentados del 11-S en EEUU, del 11-M en Madrid, de Bataclan en París, y de los ataques contra todo aquel que consideren blasfemo, sean viñetas de Mahoma o Salman Rushdie. Están también en la génesis de la destrucción de Siria, y de que la región africana del Sahel sea hoy un avispero de terroristas.

 No han aprendido nada en Washington. Sigue invirtiendo en países y líderes equivocados. Esta semana, The New York Times informóde que cuatro de los agentes saudís implicados en el asesinato y descuartizamiento de Jamal Khashogui en Estambul, en 2018, habían recibido entrenamiento militar en EEUU. Pertenecían a una unidad secreta dirigida por el príncipe heredero Mohamed bin Salman dedicada a secuestrar y matar disidentes saudíes exiliados.

 No sé si Biden tendrá el cinismo de Bush y proclamará ‘misión cumplida’ al retirar su último soldado de Afganistán. Sería un insulto. Entre esta guerra y las deIrak, Yemen y Siria han muerto más de 800.000 personas, la mayoría civiles. Otros 37 millones son refugiados.

 EEUU ha perdido esta guerra, como perdió las de Vietnam e Irak. No saber por qué lucha, más allá del petróleo y el autobombo, mina la moral de combate de soldados que tarde o temprano se dan cuenta de su papel de peones. Su vuelta a casa es dura: nadie les agradece su servicio, abundan las depresiones y los suicidios. Muchos viven en la calle. Son víctimas del mismo engranaje.La partida no ha terminado. Siguiente casilla: China.

 

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