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El mutismo de Laporta sobre Koeman

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Laporta abraza a Koeman tras ganar la Copa del Rey en Sevilla.

Laporta abraza a Koeman tras ganar la Copa del Rey en Sevilla. / Afp / Cristina Quicler

Después de una extenuante campaña electoral, saturado por la sobreexposición, resulta lógico que Joan Laporta reclamara una temporada de recogimiento y trabajo discreto. Se entendió enseguida que le aguardaban un montón de carpetas de las que hacerse cargo, ninguna más perentoria que la amenaza de ruina.

Ha pasado más de un mes y medio de su toma de posesión y poco sabemos directamente de su boca. El silencio público mantiene en el anonimato a Mateu Alemany, el ejecutivo que dirige las operaciones del primer equipo sin haber sido aún presentado, y el silencio público alimenta la incertidumbre sobre la continuidad de Ronald Koeman. Este miércoles se produjo algo excepcional en la rueda de prensa antes del partido contra el Granada: no se le preguntó sobre su futuro. ¡Noticia!

Sobrados méritos

El mutismo de Laporta sobre Koeman resulta cada vez más atronador. Desprende un tufo a recelo, asombroso ante los méritos incuestionables del holandés esta temporada, un hacedor de magia más que un técnico. Desde la transformación que impulsó Pep Guardiola en su primer curso no ha habido una transición tan salvaje y a la vez exitosa como la dirigida por Koeman. Nos ahorraremos aquí listar sus méritos, que son muchos y de sobras conocidos, pero que resumiremos en tres patas: victorias, juego excitante y Masia. 

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Este miércoles confirmó que participa en la planificación sobre la plantilla de la temporada que viene. No significa gran cosa. Quique Setién decía lo mismo hasta poco antes de ser despedido. Como al cántabro, le queda un año de contrato. Sí, Laporta ha repetido que lo está haciendo muy bien, pero conoce los códigos del entorno perfectamente y si no le ha refrendado da la impresión de que es por algo que no nos quiere decir.

El presidente es libre de depositar su proyecto deportivo en alguien de su gusto y confianza, es obvio, y tomarse su tiempo, pero convendría sacarse esta piedrecita del zapato más pronto que tarde. No vaya alguien a pensar que el pecado fatal de Koeman es haber sido nombrado por el antecesor presidencial.