Ofrecimiento en firme

Con espíritu nacional de reyezuelo

Pablo Casado le ha propuesto a Inés Arrimadas el mayor transfuguismo en bloque de la historia de nuestra democracia, como si el PP fuese suyo

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Pablo Casado.

Pablo Casado. / EFE / Chema Moya

Al desvelar que "a Inés Arrimadas le he ofrecido todo", Pablo Casado vuelve a explicarnos su concepto sobre lo que es un partido político en la España actual. Porque cuando subraya que "todo es todo" indica que a cambio le ofreció por su cuenta y riesgo, con el máximo secretismo y sin que el tema pasase por los órganos de dirección del PP ni fuese conocido por los cargos medios y las bases de militantes, pese a que modificaba cosas sustanciales del partido.

No fue un simple tanteo de la posibilidad de materializar una convergencia entre el PP y Ciudadanos para que el primero absorbiese al segundo, sino un ofrecimiento en firme, pensado, calculado y decidido sin tener en cuenta las diferencias entre los principios respectivos ni las cuestiones organizativas de ambas formaciones. Actuaba atendiendo a que Casado tiene un concepto propio de lo que es un partido político democrático diferente al que tienen esas entidades aquí y en la Europa seria.  

Casado había medido su oferta secreta para que fuese personalmente muy tentadora para los cuadros de Cs: se integrarían en bloque en la dirección del PP con cargos y sueldos. Y de forma especial para Inés Arrimadas: le salvaría la carrera política al convertirse en nueva portavoz parlamentaria del primer partido de la oposición justo en el momento del desplome de su cada vez menos relevante formación. Proponía el mayor transfuguismo en bloque de la historia de nuestra democracia. Es transfuguismo y no fusión más o menos convencional, porque la oferta era firme antes de cualquier debate orgánico de fondo en el PP.

Para el líder del PP lo prioritario --o casi lo único que le interesa-- de esta jugada es seguir mandando él y a su manera 

Por eso lo menos que puede decirse de Casado es que actúa como un reyezuelo y había tomado una decisión trascendental como si el PP fuese suyo. La historia explica que los reyezuelos declaraban guerras por su simple interés, imponían impuestos atendiendo a su estricta voluntad, se rodeaban de favoritos obedientes y decidían sin ninguna vacilación sobre la vida o la muerte de cualquiera de sus súbditos, y los demás tenían que seguirle. 

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El líder de los populares debía considerar esta operación como el gran golpe de efecto que le relanzaría a él y al PP. Se apropiaría de una sola tacada de centenares de dirigentes y sedes y maquillaría su derechización. Cs inicialmente se presentó como posible bisagra entre derecha e izquierda, luego como posible sustituta del PP en el liderazgo del bloque conservador del país, y últimamente como contrapeso liberal para combatir y poner punto final a la corrupción estructural que han dejado detrás suyo tanto Aznar como Rajoy. Pero más que a Arrimadas y su actual moderación lo que codiciaba Casado eran los electores que todavía le quedan a Cs tras ese transformismo continuado que tan bien representa Toni Cantó. El valor máximo de la absorción era fusionar sin ningún debate ideológico la parroquia pepera, a la que trabaja para que acepte concertarse con Vox (con o sin pinza en la nariz), y a un Cs que a día de hoy pregona que no hay que hacer concesiones a nadie que no se desmarque de los franquistas. Para Casado lo prioritario --o casi lo único que le interesa-- de esta jugada es seguir mandando él y a su manera.