Punto de vista

Desastres que nos pueden ir bien

La crisis de Murcia y la Comunidad de Madrid, que Ciudadanos vaya deshaciéndose y que Pablo Iglesias deje la vicepresidencia del Gobierno puede ser positivo para la gente de la calle

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Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, durante la rueda de prensa.

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, durante la rueda de prensa. / José Luis Roca

La verborrea declarativa de los políticos, casi siempre haciendo propagandas negativas, teje una sensación de que las cosas empeoran continuamente. Y eso a veces y en según qué temas es verdad, pero hay muchas cosas que a ellos --los políticos y los medios que les sirven-- no les gustan y a medio o largo plazo pueden acabar siendo positivas para la gente de la calle.

La semana que llevamos a la espalda ofrece varios ejemplos. No son en absoluto desastres las muy vituperadas crisis de Murcia y la Comunidad de Madrid. Incluso pueden ser buenas por clarificadoras. En la de Murcia, gobernada por el PP, parece que lo menos importante son los centenares de casos denunciados de gente con amiguetes que ha sido vacunada antes de hora. Si por eso se rompe un Gobierno autonómico, perfecto. Si las maniobras para conservar el poder incluyen sobornos políticos con cargos, que son muy visibles, también. Lo malo eran las ocultaciones impunes. Que los electores murcianos hagan lo que deben la próxima vez que les llamen a las urnas. Y si entonces priman a los delincuentes, no diremos viva Murcia y esperaremos a la crisis siguiente.

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No es mala noticia que si Ciudadanos se queda sin papel vaya deshaciéndose. No es preocupante que la caótica Ayuso reciba un jaque en Madrid que la empuje hacia lo que realmente es, es decir a un prietas las filas con Vox. Era evidente que Pablo Iglesias, carente de sintonía con Pedro Sánchez, no era el vicepresidente necesario, y que Unidas Podemos debía iniciar por fin un viaje --que no será corto, ya lo verán-- hacia sustituirle, porque es más importante la formación y su bandera que ese gastadísimo líder. Pasa algo bueno: van replanteándose cosas que debían cambiarse. Y si Iglesias pensaba que los problemas de la izquierda madrileña se solucionarían si él se lo proponía (y sin negociar nada con nadie), adelante con las lecciones de realismo.

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En la misma línea, estaría bien que a ERC le sentase mal su cobardía, su renuncia a desmarcarse de quienes mandaban sin gobernar. Que vayan atragantándose los sueldos y los empleos que les dieron los electores para que hiciesen una política independentista que no fuese una antipolítica.