La nota

Mas, Illa y Aragonès

Catalunya sigue prisionera de la división en bloques, pero la campaña indica que algunas cosas empiezan a moverse

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Urna electoral.

Urna electoral. / Joan Castro

La campaña propicia algunas reflexiones. Una, el paso del tiempo. Artur Mas, que en 2012 se erigió en un célebre cartel como el Moisés que nos conduciría a la 'Tierra Prometida' con una mayoría no absoluta sino excepcional, pide ahora con bastante más discreción el voto a Àngels Chacón, la candidata del PDECat, que según las encuestas no entrará en el Parlament. 

Mas es el principal responsable de la deriva hacia lo imposible de la política catalana. Que ahora se distancie de Puigdemont, al que en 2017 ayudó a entregar la herencia de la antigua CDC, indica una rectificación y el tácito reconocimiento de que el unilateralismo independentista ha llevado a Catalunya a un callejón sin salida

Salvador Illa es el candidato preferido a 'president' en casi todas las encuestas. Su propuesta de rebajar en un tercio el sueldo actual del 'president' de la Generalitat: de 150.000 a 103.000 euros, como Iñigo Urkullu o la presidenta de la Comunidad de Madrid, que son los presidentes autonómicos que más ganan, indica que sabe leer el momento político. No es lógico que Catalunya, que clama contra el déficit fiscal y exige desde siempre una mejor financiación, sea la CCAA que más retribuye a su presidente. Sería también un gesto cuando los ingresos de gran parte de los ciudadanos están muy tocados por la crisis. 

Ha sido tildado de populista, pero no es nada razonable que el 'president' de Catalunya cobre casi el doble que el presidente del Gobierno español (85.000 euros) y un tercio más que el presidente de la autonomía que disfruta del reclamado concierto económico.  

Por otra parte, el 'president' del Parlament, Roger Torrent, ha dicho que Illa habla, en dos de cada tres frases, de “pasar página”, como si no hubieran existido el 1 de octubre y las cargas policiales. Tiene su razón, pero pasar página implica también olvidar las votaciones del Parlament de septiembre del mismo año (2017) en las que los independentistas no solo ignoraron la Constitución y el Estado de derecho, sino que se saltaron el Estatut, la ley fundamental de Catalunya, ratificada en referéndum por los catalanes, que exige mayoría cualificada para las decisiones más relevantes. Sin pasar página, el pasado impedirá cualquier consenso de futuro.

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Pere Aragonès, candidato de ERC porque Oriol Junqueras está condenado e inhabilitado, rechaza con insistencia cualquier posibilidad de pacto de gobierno con el PSC del 155. E Illa hace lo mismo respecto a los republicanos. Aragonès lo hace en parte para desmentir las sospechas de tripartito que agita JxCat, que ganó a ERC por 13.000 votos las elecciones de 2017. Illa quiere cubrirse de las acusaciones de tibieza ante el independentismo de Cs, que ganó aquellas elecciones. Son posiciones que además tienen su lógica ya que los objetivos finales de ERC y PSC son poco compatibles respecto a la relación de Catalunya y España. 

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Pero los dos candidatos, que encabezan las fuerzas mas votadas en las últimas legislativas y municipales (las de 2019), tampoco deberían ignorar los deseos de “pasar página” de muchos ciudadanos. Según la encuesta del 'Ara' del pasado lunes, un tripartito de izquierdas (ERC, PSC y comunes) sería la coalición de Gobierno preferida por los electores (21,9%), bastante por delante del actual pacto de gobierno ERC-Junts (12,2%) y de una alternativa integrada solo por partidos constitucionalistas (11,7%).

¿Están los ciudadanos de a pie más dispuestos a acabar con la división en bloques que las cúpulas de ERC y el PSC, no digamos ya de JxCat?