El reto de la inmunización

Esperando las vacunas

Estamos en el inicio de una campaña de vacunación sin precedentes en la historia y es normal que haya contratiempos

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Residentes y auxiliares de enfermería de la residencia DomusVi en Alcalá de Henares reciben la primera dosis de la vacuna de Pfizer.

Residentes y auxiliares de enfermería de la residencia DomusVi en Alcalá de Henares reciben la primera dosis de la vacuna de Pfizer. / David Castro

Cuando aparecía la luz al final del túnel de esta epidemia de covid-19, Europa ha entrado en pánico. Ahora que no hacen falta sondeos para saber que la aceptación de la vacuna va en aumento; ahora que por fin sabemos que las vacunas no son una ilusión; ahora que se empiezan a ver resultados en países como Israel, donde la mitad de la población ha recibido el pinchazo mágico y el contagio empieza a descender vertiginosamente. Es ahora precisamente cuando descubrimos que no recibimos las dosis esperadas, al menos durante este primer mes desde que Europa empezara a vacunar. ¿Qué está pasando?

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Cuando hace un año el virus apareció y empezó un calvario del que no se intuía salida, supimos que con la vacuna cambiaría. De ahí la desesperanza. Pero estamos en el inicio de una campaña de vacunación sin precedentes en la historia y es normal que haya contratiempos. Nunca antes se había vacunado en todos los países, a todas las personas, de todas las edades. El reto es que cada uno de los eslabones de esta campaña estén bien engrasados si queremos llegar pronto a recuperar el equilibrio perdido. Las vacunas son el primero y la producción ya nos muestra que tenerlas es mucho más que una proyección en una hoja de Excel.

Un tercio

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La realidad es obstinada. Las dosis no vendrán de golpe, sencillamente porque no hay capacidad en el mundo para producir tantas vacunas. Necesitaríamos 15.000 millones para toda la población mundial, pero en un año, si todo funciona a la perfección, solo podemos conseguir un tercio. ¿Lo sabían los laboratorios? Sí, pero presionados para conseguirla, y tener dinero público a cuenta, la industria farmacéutica se lanzó a anunciar cantidades que individualmente podían parecer factibles, y que a medida que han empezado a sumarse unas con otras y aparecen los primeros problemas, se alejan del deseo. En el arranque de sus cadenas de producción, Pfizer y Moderna, las primeras en llegar, han encontrado limitaciones en la materia prima, en la velocidad de fabricación o en los viales con los que envasar. Lo mismo está ocurriendo con la vacuna de Astra Zeneca, que antes de ser incluso aprobada por la UE ya anunció que habría que bajar las expectativas de aprovisionamiento, al menos hasta el mes de marzo. Sucederá con las nuevas que vayan apareciendo, porque aumentar la producción requiere crear plantas nuevas, personal capacitado y mecanismos muy sofisticados de seguimiento y control.

En la fabricación, el arranque es el peor momento y la Unión Europea está siendo víctima de unos acuerdos de entrega que no se están cumpliendo, empezando a sospechar que las farmacéuticas se están llevando a otro lado las que nos tocan aquí. La realidad no obstante es que EEUU y Gran Bretaña compraron antes y compraron más, además de invertir en la producción en sus países. Si nos miramos en ese espejo Europa va retrasada, pero eso no justifica el Brexit ni deja sin fuerza a la UE. Quitando a Alemania, ningún otro país hubiera podido comprar las cantidades ahora comprometidas y a los precios que se han conseguido de haber ido por separado. Sin duda ha habido errores, de partida, haber aceptado la confidencialidad de los contratos, una práctica que debería haberse regulado hace años en la UE y que no se ha hecho por la presión constante de la industria. Intentarlo en medio de la pandemia era a riesgo de retrasar los acuerdos. Ahora la presión apunta a Bruselas y se plantea la posibilidad de restringir la exportación de vacunas que se estén produciendo en Europa. Es bueno que se abra el debate, porque hay que revisar un sistema de innovación donde prima el mercado sobre la salud pública. Pero hay que centrar todos los esfuerzos en salir de la pandemia y por mucho que se presione siempre habrá un cuello de botella. Aunque los problemas de aprovisionamiento van a durar, junto a las ya aprobadas, las noticias de nuevas vacunas muy eficaces de Novavax y Jansen son alentadoras. Pronto multiplicaremos las dosis, pero esperando a las vacunas hay que apelar a la necesidad de invertir y asegurar el siguiente eslabón, el que llevará a los sistemas de salud a afrontar una campaña muy larga, una carrera de obstáculos que va a durar todo el año. ¿Estaremos preparados?