Peccata minuta

Un vaso de agua clara

Recomendaría a sus señorías del PP, Ciutadans y Vox que, recogiendo el testigo del franquista Pemán, utilicen el catalán a la hora de embestir parlamentariamente contra sus adversarios, para así ser mejor comprendidos

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Matias Prats y José Maria Peman, en 1974,  durante la entrega la  F  de famoso al académico.

Matias Prats y José Maria Peman, en 1974, durante la entrega la F de famoso al académico. / EFE

Mi querida colega Emma Riverola, escritora y columnista de EL PERIÓDICO, acaba de debutar en la literatura en catalán con su novela 'Sal'. Declaró en una reciente entrevista: “En mi casa se hablaba castellano. (…) El catalán ha sido atacado por un Gobierno central que muchas veces ha despreciado las lenguas que no son el castellano. Recordemos a Wert. Y durante el 'procés' ciertos individuos han querido utilizar el catalán como un elemento más de combate. (…) Me costó atreverme, porque pensaba que quizá no utilizaría ese catalán tan puro y que se reconoce tanto. Pero no es desde el purismo y el castillo como se va a defender el catalán”. 

En sus buenos (¿?) propósitos para el 2021, mi también colega teatral Joan Lluís Bozzo quiso hacer público que, como quien decide dejar los porros o el tabaco, a lo largo de los 365 días del año no respondería en otra lengua que en catalán aunque su interlocutor no entendiese nada de nada; y eso, no solo en Catalunya, sino en cualquier palmo cuadrado de habla catalana.

En 1970, el escritor y periodista José María Pemán, autor de la fallida letra para el himno nacional por encargo de Primo de Rivera en 1928 (“¡Arriba España!, alzad la frente hijos del pueblo español…!”) y luego adoptada por el franquismo -añadiéndole algunos yugos y fechas- publicó en 'Abc' un célebre artículo sobre la lengua catalana: 'Un vaso de agua clara'. Dijo Pemán: “Pienso que el primer problema del catalán como idioma es este de calificarlo como “problema”. […] El catalán, en sí, no es un problema: es una evidencia. Lo que ocurre es que las evidencias cobran fisonomía contorsionada de problema cuando son manejadas por los políticos, que esos sí son problema.[…] Hablar o leer o aprender el catalán es un hecho simplicísimo. Se trata de beber un vaso de agua clara”.

Hay quienes, como Bozzo, siguen amparándose en aquel demencial y supremacista "Puix que parla català, Déu li'n do glòria" que el nada sospechoso valenciano Joan Fuster 'tradujo' a una mucho más sensata expresión: "Puix que parla català, vejam què diu". Sí, como cualquier otra lengua, el catalán es solo medio, nunca mensaje, y desde él se pueden proferir descomunales aberraciones. Recomendaría también a sus señorías del PP, Ciutadans y Vox -si es que entran- que, recogiendo el testigo del franquista Pemán, no se repriman a la hora de utilizar la lengua de Fuster a la hora de embestir parlamentariamente contra sus adversarios, para así ser mejor comprendidos.

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Uno de los mayores argumentos wertianos contra la inmersión lingüística consistió en sentenciar que muchos catalanohablantes no llegaban a alcanzar un nivel decente en el habla y la escritura en castellano. Mal me pese, debo darle la razón: solo me hizo falta acudir a los titulares de la edición en castellano del diario digital 'El Nacional.Cat'. Esta última semana: “AstraZeneca admite a la UE que no podrá cumplir con las vacunas promesas”, “Meritxell Serret sustituye Solé a la lista de ERC”, ”Cae cerca de un 70% la ocupación hotelera a Barcelona por la Covid"...