Política internacional

Trump y el Sáhara Occidental

Se apunta otro éxito diplomático aunque quizás no sepa donde está, ni que fue colonia (y también provincia) española

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Zghala, una mujer del Sáhara Occidental, mira hacia la valla en el área de Al-Mahbes, mientras acompaña a su hijo de 14 años para mostrarle el muro que separa Marruecos de la zona controlada por el Polisario, el 3 de febrero del 2017.

Zghala, una mujer del Sáhara Occidental, mira hacia la valla en el área de Al-Mahbes, mientras acompaña a su hijo de 14 años para mostrarle el muro que separa Marruecos de la zona controlada por el Polisario, el 3 de febrero del 2017. / AFP / RYAD KRAMDI

Si los marroquíes fueran cristianos creerían que los Reyes Magos les han traído con adelanto el regalo más deseado porque todos piensan que el Sáhara es marroquí, que les pertenece y que lo han conquistado tras echar a los españoles y derrotar a polisarios y a mauritanos. Y les molesta que el mundo no lo vea igual. Por eso la decisión de Trump de respaldar su soberanía sobre el Sáhara a cambio de reconocer al Estado de Israel les parece un precio irrisorio y más aún si al paquete se añade armamento norteamericano de última generación (que Madrid debe estar analizando cuidadosamente), y tecnología punta israelí.

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Donald Trump se apunta otro éxito diplomático aunque quizás no sepa donde está el Sáhara Occidental, ni que fue colonia (y también provincia) española, y que tras la Marcha Verde hubo una guerra que finalizó en 1991 con el compromiso de hacer un referéndum de autodeterminación. O que el mismo James Baker se implicó personalmente en la tarea. Tampoco le importa que su regalo a Marruecos sea contrario al Derecho Internacional y a la propia doctrina de las Naciones Unidas reiterada el pasado octubre por una resolución del Consejo de Seguridad que los mismos EEUU respaldaron. António Guterres acaba de recordar que esta postura no ha cambiado. Con el Sáhara pasa como con Palestina. También allí Trump ha ignorado el Derecho Internacional, las resoluciones de la ONU y la misma política norteamericana de los últimos cincuenta años. Debe pensar como Luis XIV que “después de mí, el diluvio”, porque lo que está haciendo en uno y otro lugar en tiempo de descuento fuerza la mano de su sucesor que no tendrá fácil revertir estas decisiones... si es que quisiera hacerlo. Por eso la comunidad internacional ha negado validez jurídica al regalo norteamericano y Argelia ha protestado débilmente porque no está en condiciones de apoyar las bravatas de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, cuando amenazó con la guerra tras los recientes incidentes de Guerguerat. Como es obvio también han protestado los polisarios y los palestinos convertidos por Trump en mera moneda de cambio. Una cosa es la legalidad internacional y otra la 'realpolitik'.

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Con Marruecos en el Sáhara pasa como con Rusia en Crimea, con China en Tíbet y Hong-Kong, y con Israel en Cisjordania, Jerusalén Oriental o los Altos del Golán. La comunidad internacional puede rasgarse las vestiduras todo lo que quiera pero son situaciones que muy difícilmente tendrán marcha atrás. Si alguien cree que Moscú se va a retirar de Crimea por ilegal que sea su ocupación, o que Rabat lo va a hacer del Sáhara, tiene que hacérselo mirar. Salvo que les echen, lo que no parece probable. Rabat tampoco va a hacer ningún referéndum por más que en el pasado se comprometiera a ello. Ahora sOlo ofrece un régimen de autonomía que Trump alaba pero que no es muy creíble porque en Marruecos falta democracia para sustentarlo, mientras que en Tinduf hay un régimen trasnochado de partido único que pierde apoyos con cada año que pasa.

Para España la situación es particularmente incómoda porque el problema es a la vez internacional y doméstico ya que nuestra precipitada salida del Sáhara dejó heridas tanto en la derecha, que vio atacado el honor del Ejército, como en la izquierda al frustrar nuestro compromiso con la autodeterminación. Pero como nuestros intereses con Marruecos son enormes, nuestra diplomacia ha dejado hábilmente el asunto en manos de la ONU mientras piadosamente eleva oraciones a favor de un acuerdo entre las partes y trata de vadear las complicaciones que le crea un lenguaraz Pablo Iglesias. Puede no ser suficiente porque a España no le conviene un vecino que se salta la legalidad internacional sin consecuencias. Por razones obvias. En mi opinión el asunto no se resolverá ni con un referéndum que Marruecos rechaza ni con una imposición que Tinduf no acepta sino que necesita un acuerdo entre las partes. Es en este contexto donde pueden resultar interesantes ideas novedosas como las que busca el recientemente creado Movimiento de Saharauis por la Paz que reúne a destacados expolisarios y a saharauis de El Aaiún.... ¿Quién sabe?