Patrones establecidos

Educar en el feminismo también en Navidad

Con los regalos que les hacemos a niñas y niños en función de su sexo reproducimos ciertos roles de género

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Una niña se entretiene en casa con una tablet y muñecas.

Una niña se entretiene en casa con una tablet y muñecas. / Jordi Ferrer / Efe

Educar en el feminismo es una cuestión que cada vez nos planteamos más familias. Y la Navidad es también una buena oportunidad para llevarlo a la práctica. ¿Cómo?

En Navidad, hacemos regalos a los más pequeños, nos encontramos con amistades y familiares -aunque este año menos- y reproducimos ciertos roles de género. Todo esto, ante la mirada atenta de niñas y niños. ¿Qué mensaje les transmitimos con los regalos que les damos o con aquello que les decimos? 

Juegos de muñecas, cocinitas y princesas para ellas y superhéroes, coches y balones para ellos. Con algo tan sencillo como un juguete se genera una autopercepción en niñas y niños sobre lo que socialmente se espera de unos y otros. El mensaje es claro: cuidar es cosa de niñas; ser activo e intrépido, de niños.

A partir de los 6 años, las niñas consideran que no son tan brillantes como los niños, y que tienen menor capacidad intelectual. Así lo afirma un estudio publicado en la prestigiosa revista 'Science' en 2017. Una percepción que se debe a cómo educamos y acompañamos a los más pequeños desde las primeras etapas de la vida. Algo que además puede hipotecar su futuro. 

A pesar de que en España, las mujeres son mayoría en las carreras relacionadas con la salud y las ciencias sociales, en las de ingenierías rondan tan solo el 20% y en las de computación, el 10%. No se trata de una cuestión de capacidad, sino de un hecho social y cultural. Los pequeños asumen y reproducen a lo largo de su vida los patrones establecidos. La familia, la escuela y la sociedad deberían plantearse cambiar todo esto.

Aunque lo que les cuento pueda parecerles alejado de la Navidad, no lo es tanto. Regalar a niñas y niños juguetes no en función de su sexo, sino en función de lo que realmente desean es un primer paso para cambiar esta dinámica. Tal vez alguien dirá que su hija quiere el último disfraz de Frozen y su hijo un juego de bomberos. Pues claro, nuestras criaturas socializan en un entorno mediado por una cultura heteropatriarcal que establece ciertos roles de género. Lo vemos en los dibujos animados, en las canciones y cuentos infantiles, más allá de nuestras prácticas familiares o el talante de la escuela. Ser conscientes de ello nos puede permitir entender los "deseos" de nuestras hijas e hijos e introducirles a juegos socialmente no pensados para su sexo. 

Tal vez podemos pensar y dibujar una Mamá Noel y unas Reinas Magas

Educar en el feminismo implica también dar ejemplo. ¿Quién va a cocinar en estas fiestas navideñas? ¿Quién va a poner y recoger la mesa? ¿Quién será el último en sentarse a comer, después de haberlo dejado todo preparado, y el primero en levantarse si falta algo? O tal vez directamente tendría que hablar en femenino singular, ya que en general son las mujeres quienes se ocupan de estas tareas. 

Con estas prácticas estamos transmitiendo un mensaje hacia los más pequeños. Y esto no solo sucede en Navidad. Habitualmente en casa, ¿quién cocina? ¿Quién lleva y recoge los peques a la escuela? ¿Quién está en el grupo de Whatsapp del centro escolar? ¿Quién les lleva al médico? ¿Quién les ducha? ¿Quién les pone a dormir? Muchas veces casi todo esto recae en la madre. 

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Asumir que tanto mujeres como hombres estamos preparados para criar y que ambos debemos asumir las tareas de cuidados es un primer paso para cambiarlo. Nuestras prácticas son ejemplo para nuestras criaturas. Si en casa no llevamos, o intentamos llevar, una práctica feminista, difícilmente les podremos educar en esta dirección.

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¿Y quiénes les van a traer los regalos -pese a la pandemia sanitaria- estas Navidades? Papá Noel y los Reyes Magos. Y yo me pregunto, ¿por qué en casa no podemos recrear estos personajes en clave femenina? Tal vez podemos pensar y dibujar una Mamá Noel y unas Reinas Magas. Los protagonistas centrales de las historias navideñas no tienen por qué ser siempre masculinos. Las mujeres también podemos ser protagonistas. Y creo que este es un buen mensaje para niñas y niños.

Educar en el feminismo implica una práctica cotidiana, en Navidad y todo el año.