CRISIS SANITARIA

Las responsabilidades son compartidas, pero diferentes

El azar difícilmente explica la intensidad que ha alcanzado la pandemia en España en comparación con países como Alemania y Portugal

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Unos agentes de los Mossos d Esquadra informan a una pareja del uso obligatorio de la mascarilla, en julio pasado en Barcelona.

Unos agentes de los Mossos d Esquadra informan a una pareja del uso obligatorio de la mascarilla, en julio pasado en Barcelona. / EFE / ALEJANDRO GARCÍA

Entre toque de queda y estado de alarma, esto va para largo. Ya no basta con que haya distancia física; ahora sí, la distancia física debe ser, además, social. Parece que van ganado los modelos más estrictos, frente a los que propugnábamos hacer compatible la distancia física con la proximidad social. El objetivo era mantener al virus bajo control sin renunciar a la interacción social, mediante una eficaz acción preventiva impulsada por las administraciones y asumida por los ciudadanos. Hemos fracasado. Todos.

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Pero esto no ocurre por igual en todas partes. No hay que ir lejos para compararnos con países como Japón, Corea del Sur o China. Si ponemos la atención en Europa, vemos que en todos los países sube la curva, pero no en todos tiene la misma magnitud. Como sabemos, todo fenómeno natural tiene dos parámetros básicos que sirven para describirlo: la frecuencia y la intensidad. Estamos ante la segunda ola, pero su intensidad varía. Veamos la página web posiblemente más visitada del planeta en estos días y veamos datos que nos den algo de luz (coronavirus.jhu.edu/map.html). Buscamos España, y encontramos que hoy hay registradas 34.752 defunciones atribuibles directamente al covid-19; en Alemania 10.041, con el doble de población; y en Portugal, 2.297 con una cuarta parte de la población. Una primera conclusión es que la magnitud de sus efectos es bien diferente. ¿Es esto fruto del azar o de algo más?

Palmaditas en la espalda

Entre las respuestas dadas se señalan a la cultura mediterránea, que nos lleva al abrazo inmediato, a los jóvenes que no se sienten concernidos con la pandemia o a los ciudadanos en general que necesitamos que nos digan lo que debemos hacer en cada momento. Sin duda todos somos responsable de todos, pero me parece que en la política está la principal respuesta. Si no, cómo explicar que la incidencia acumulada en los últimos 14 días es de 128 por 100.000 en Alemania, 277 en Portugal y 394 en España según el CDC europeo.

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A comienzos de agosto, un grupo de colegas pedía al Gobierno, en una carta en la revista médica 'The Lancet', una evaluación independiente de la respuesta dada en España a la pandemia. Una evaluación cuyo objetivo no fuese buscar culpables sino soluciones. Las buenas palabras y las palmaditas en la espalda han sido, al menos hasta ahora, la reacción. Casi tres meses más tarde estamos de nuevo contando las camas hospitalarias y las de UCI, además de los sanitarios disponibles para utilizar los respiradores. Es cierto que estamos mejor preparados, conocemos mejor al virus y lo que hay que hacer en caso de un enfermo grave. No estamos en marzo, pero en España seguimos, como entonces, con la intensidad de la pandemia bien distinta a la de Alemania y Portugal. Esto difícilmente puede ser explicado por el azar.

Según las proyecciones del Institute for Health Metrics and Evaluation de la Universidad de Washington en Seattle (covid19.healthdata.org/spain) se nos avisa que a final de enero del 2021 se pueden haber registrado más de 50.000 defunciones en España. El objetivo ahora es evitar que este trágico pronóstico se cumpla.

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