10 ago 2020

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economia circular

Bolsas con residuos sanitarios a punto de entrar a incineración en la planta de tratamiento de Mataró.

ACN

Eslabones

Ester Oliveras

"Las empresas deben buscar el eslabón inferior a la cadena para comprar sus materias primas y el eslabón superior para vender sus residuos"

Las expresiones de las abuelas tipo "la comida no se tira" o "aquí se aprovecha todo" están viendo su traducción en la industria. De ello se encarga la simbiosis industrial, que trabaja para que los recursos generados por una empresa sean la materia prima de otra empresa. En términos culinarios, un rape a la sala verde nos deja como residuo la cabeza del susodicho animal, que se convierte en el ingrediente principal para cocinar una exquisita sopa de pescado.

La simbiosis industrial se inspira en el funcionamiento de ecosistemas, específicamente en lo que se apoda como la cadena trófica, por la que los animales se comen unos a otros satisfaciendo sus necesidades energéticas y manteniendo un perfecto equilibrio en el sistema. Cada animal de esta cadena cumple una función específica, se alimenta del eslabón inferior y es alimento del superior. Traducido: las empresas deben buscar el eslabón inferior a la cadena para comprar sus materias primas y el eslabón superior para vender sus residuos.

En esta búsqueda surgen compañeros de camino curiosos. En Galicia, por ejemplo, los productores de quesos venden el exceso de suero lácteo a una empresa que fabrica envases biodegradables y que, por si fuera poco, también necesita algo de lodo de la depuradora local para reunir las moléculas que requiere la producción de envases que se descompongan en poco tiempo. Ingeniería química. En Catalunya, un fabricante de cosméticos vende el 70% de los residuos que genera a dos empresas, una que genera compostaje, y otra que fabrica biocombustible.

El peligroso fluoruro de aluminio y potasio derivado de fabricar sistemas de refrigeración es muy útil a las empresas que reciclan aluminio. Más química. Los residuos alimenticios también se aprovechan al máximo, desde alimentando animales de granja hasta sirviendo de combustible energético pasando por aprovechar su descomposición para cultivar tomates de invernadero durante todo el año, como pasa en el Reino Unido. También química.

Todos ganan

Todo son beneficios en estas colaboraciones. Las empresas pueden vender residuos por los que antes debían pagar para desprenderse, y las que los compran tienen materia prima a bajo coste. Lo difícil es encajar los eslabones de la cadena. Por ello, se necesitan figuras de coordinación, plataformas para compartir información, o incluso polígonos industriales como el de Kalundborg en Alemania que han puesto énfasis en la colaboración productiva entre empresas desde hace décadas, avanzándose a su tiempo. 

La proximidad geográfica de empresas situadas en el mismo recinto facilita la colaboración e incrementa los beneficios medioambientales al reducirse la distancia de transporte de los materiales. En nuestro territorio destacan Barberà del Valles y Sabadell que hace ya unos años que trabajan en esta línea.

La financiación europea del Pacto Verde, el New Green Deal, apoyará iniciativas de simbiosis industrial. Es hora de empezar a identificar y enlazar los eslabones de la cadena. ¿A alguien le interesan los residuos generados por una familia de cuatro?

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