04 ago 2020

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análisis

El primer ministro británico, Boris Johnson.

DPA / DOMINIC LIPINSKI

En caída libre

Rosa Massagué

Boris Johnson está en la lamentable compañía de los peores gestores mundiales del covid-19 como son los populistas Donald Trump, Vladimir Putin y Jair Bolsonaro.

Caen las estatuas de esclavistas, tiranos y colonialistas que ayudaron a levantar el imperio británico. Y cae el PIB. Nadie va a derramar amargas lágrimas por las primeras ni su desaparición forzada de la escena cambiará la historia que ha sido. En todo caso, debería mejorar la historia que será. Por el contrario, la caída del PIB resultará dolorosa para buena parte de la población. Una pérdida del 20,4% en el mes de abril, muy superior a la previsión negativa que ya se esperaba, es una catástrofe para cualquier economía. En el caso de la británica, es peor aun ante la inseguridad que provoca el ‘brexit’. La primera causa de esta espectacular contracción de la economía, la mayor que se recuerda, es sin duda del covid-19. Los datos se refieren al primer mes de confinamiento con la industria y los servicios paralizados.

La errática, confusa y tardía gestión de la pandemia con más de 40.500 muertos convierte al Reino Unido en el país europeo con el mayor número de defunciones y también de diagnosticados (300.000). Boris Johnson está en la lamentable compañía de los peores gestores mundiales del covid-19 como son los populistas Donald TrumpVladimir Putin y Jair Bolsonaro.

Con los pésimos datos económicos y con el virus todavía cabalgando, la vulnerabilidad británica es grande. Sería lógico por tanto, hacer uso del sentido común. Lo tienen los empresarios así como los ministros principales de Escocia y de Gales, Nicola Sturgeon y Mark Drakeford, que habían pedido una extensión del periodo de transición --oficialmente finaliza el 31 de diciembre--, para la entrada en vigor del ‘brexit’. La respuesta del Gobierno en un mensaje enviado el viernes a Bruselas era: “No ampliaremos el periodo de transición”. El ‘brexit’ sigue siendo el objetivo prioritario y al parecer único del Gobierno. Ni siquiera la catástrofe humana de la covid-19 o el hundimiento de la economía desvían al Ejecutivo de la línea trazada que es la de recuperar el “control”,  la palabra mágica de la propaganda antieuropea.

Clases más populares

Con esta palabra, Johnson y sus amigos convencieron a un número suficiente de británicos de las clases más populares de que su enemigo eran las élites que han gobernado el país, las que han gozado de privilegios históricos y han estudiado en Eton primero y Oxford después. La ironía, o mejor, el sarcasmo, es que Johnson, que ha estudiado en ambos centros, representa a la perfección a estas élites.

Estos británicos que creyeron que unos elitistas les salvarían de las élites son los mismos que han padecido con mayor dureza los efectos del coronavirus y de los recortes en sanidad. Son los mismos que niegan el pan y la sal a los inmigrantes que les han curado en los hospitales. Son los mismos que ahora sufrirán las consecuencias del ‘brexit’ a las bravas que ya se perfila. Son los mismos que caerán víctimas de su desvarío y de las artimañas de las elites.

De la caída libre solo se libra Keir Stammer, el recién llegado líder de la oposición laborista. Los sondeos le dan un 48% de aprobación, ocho puntos más que hace un mes.