opinión

Trío de emergencias

La inversión pública que se realice por el coronavirus debería enfocarse en potenciar la economía circular, la producción de energía renovable, y el consumo de productos con la menor huella ecológica posible

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Las emisiones industriales son uno de los factores que contribuyen al cambio climático.

Las emisiones industriales son uno de los factores que contribuyen al cambio climático.

La emergencia sanitaria derivada del Covid-19 ha desviado la atención de otra emergencia, la climática, que estaba sobre la mesa de instituciones públicas y privadas a nivel nacional e internacional. Pero las dos tienen puntos de encuentro. La mortalidad por coronavirus es superior en zonas con una peor calidad del aire. Es más, la mortalidad es siempre superior en las ciudades con contaminación atmosférica; con coronavirus, o sin. En el 2019, fueron 10.000 las muertes relacionadas con la contaminación en España y 7 millones en el mundo, con números parecidos en años anteriores y números superiores asegurados para años venideros. Estas muertes no salen en ningún gráfico, ni hace falta aplanar la curva porque no están colapsando el sistema sanitario. Las consecuencias derivadas de la emergencia climática son así, mucho más devastadoras, pero invisibles a la corta distancia, relativamente lentas, silenciosas, incluso silenciadas, y sin posibilidad de retroceder. Por ello, cuando lleguen restricciones en el suministro de agua potable, o no crezcan determinados cultivos, pensaremos como de caprichoso y banal era almacenar papel higiénico o que no se encuentre levadura en los supermercados. Y no se solucionará con un confinamiento temporal.

Paradójicamente, las grandes restricciones en movilidad debidas al confinamiento están mejorando la calidad del aire, un 5% menos de gases de efecto invernadero respecto al 2019. Aunque solo sea temporal, quizás, sólo quizás, esta situación nos ofrece una visión, una vivencia, de cómo podría ser un estilo de vida más sostenible y respetuoso con los límites del planeta: desplazamientos con elevado valor añadido, más proximidad y responsabilidad en el consumo, y colaboración científica internacional. Con las previsiones de decrecimiento más negativas de la historia, la emergencia económica ya está tomando el relevo a la sanitaria, pero la recuperación no puede dar la espalda a la emergencia climática.

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De momento, los indicios internacionales apuntan en dirección contraria. Estados Unidos está priorizando la viabilidad económica a corto plazo de petroleras, con la decisión de Trump de mantener las emisiones. El Green Deal de la Comisión Europea, en una fase inicial de negociación presupuestaria, está en peligro. Y la ley que comprometía a una Unión Europea libre de emisiones el año 2050 también ha quedado paralizada. En positivo, la falta de material sanitario ha potenciado la creatividad y colaboración empresarial, poniendo de relieve las bondades de disponer de un tejido productivo cercano, y quizás generando nuevas oportunidades de futuro.

La inversión pública que se realice debería enfocarse en potenciar la economía circular, la producción de energía renovable, y el consumo de productos con la menor huella ecológica posible. Si no estuviéramos tan sobrepasados, ahora que tenemos menos contagios y el aire limpio en Barcelona, ¿no sería maravilloso que el proceso de desconfinamiento se aprovechara para aprender a mantener en verde los dos indicadores?