Ciencia

Las niñas y el agua

Si hubiéramos nacido en muchos de los países del Tercer Mundo, además de afrontar los riesgos de beber agua no potabilizada nos veríamos obligadas a dedicar una gran parte de nuestra vida y nuestra energía a transportar agua

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Las niñas y el agua

MONRA

El agua es una de las grandes maravillas de la naturaleza porque, debido a su estructura y estabilidad, es el disolvente universal, por lo que resulta imprescindible para la vida. Pero también sigue siendo portadora de muerte para muchos niños de los países del Tercer Mundo. Por ejemplo, el 95% de los casi dos millones muertes producidas por diarrea cada año se podrían evitar bebiendo agua potabilizada. Esta situación es un contrasentido porque la tecnología para 'limpiar' el agua de gérmenes está optimizada desde hace mucho tiempo y no es cara, el problema es que para implementarla se requieren unas infraestructuras que no todos los países son capaces de construir y mantener.

La gestión del ciclo integral del agua incluye varios procesos tanto físicos como químicos. En uno de ellos, la filtración, se emplean una especie de grandes coladores y filtros de arena para retener la mayor parte de la materia sólida que arrastra el agua. En la floculación se induce la precipitación de sustancias sólidas para que arrastren las partículas más pequeñas que han conseguido escapar a los filtros mecánicos. En el siguiente proceso de purificación del agua se emplea carbón activo, como el de los filtros de los de los cigarrillos, para atrapar las sustancias nocivas disueltas. Una vez que se ha 'limpiado' el agua de sustancias indeseables, tanto sólidas como en disolución, hay que matar a los bichos que pueden transmitir enfermedades. Ello se consegue empleando radiación ultravioleta o añadiendo al agua sustancias biocidas como el ozono o el cloro. Este último método es el más eficiente y económico, por lo que es el más usado.

El cloro puro, que existe como molécula gaseosa formada por dos átomos, Cl2, tiene una gran tendencia a captar electrones para formar cloruro, 2Cl-, que es como solemos encontrarlo en la naturaleza; ese es el caso cuando forma cloruro sódico, más conocido como sal común, NaCl. La gran reactividad de la pequeña molécula de Cl2 hizo que tuviera un debut mortífero en la Historia: fue la primera sustancia empleada como gas de guerra cuando se lanzó sobre Ypres durante la Primera Guerra Mundial, causando más de 5.000 bajas en el ejército francés, muchos de las cuales sufrieron una muerte atroz. Pero si en lugar de usar el gas puro se añade al agua en pequeñas cantidades, el cloro mata todas las bacterias y virus causantes de enfermedades y muerte, siendo inocuo para los seres humanos. Teniendo en cuenta su gran reactividad, es evidente que hay que calcular las cantidades de cloro que se añade al agua de forma muy precisa, y también que hace falta mantener limpios y desinfectados todos los sistemas de almacenamiento y transporte.

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Es difícil que los habitantes del Primer Mundo apreciemos en todo lo que vale el privilegio de obtener agua limpia y libre de gérmenes cada vez que abrimos el grifo. Las mujeres y las niñas del Primer Mundo somos especialmente afortunadas porque si hubiéramos nacido en muchos de los países del Tercer Mundo, además de afrontar los riesgos de beber agua no potabilizada, nos veríamos obligadas a dedicar una gran parte de nuestra vida y nuestra energía a transportar agua desde las fuentes y pozos hasta los poblados. Más de tres millones de niños y 14 millones de mujeres tienen que caminar durante más de 30 minutos para buscar agua, a menudo dos veces al día. En promedio recorren unos seis kilómetros, descalzas o calzadas con sandalias de goma, usualmente cargando con un crío y llevando otros de la mano. En el camino de vuelta tienen que llevar además garrafas de 20 litros sobre sus cabezas, lo que les causa todo tipo de lesiones  de espalda.

El día 11 de febrero se celebró el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que desde su creación por la ONU en 2015, está ayudando a cambiar la percepción del papel de las mujeres en la ciencia. Este año quiero aprovechar la celebración de esta efeméride para recordar a las niñas que no solo no podrán aspirar a ser científicas, sino que perderán parte de sus vidas por no tener acceso a uno de los más grandes logros de la ciencia: proporcionar esa maravilla de la naturaleza que es el agua libre de riesgos para la salud. Ya que hemos sigo capaces de conseguir ese inmenso logro,  las mujeres y hombres del Primer Mundo debemos trabajar para que puedan disfrutar de él todos los habitantes de la Tierra.