La 'tasa Google'

Palos de ciego

Recuperar parte del excedente generado por la economía de red resulta tan necesario como problemático hacerlo desde un solo país

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El logotipo de Google durante una feria tecnológica en París.

El logotipo de Google durante una feria tecnológica en París. / Reuters

En el juego de la piñata, a los niños se le tapan los ojos y se les dice que golpeen con un palo una olla, llena de golosinas, que cuelga de un cordel. Ciertamente en la olla hay pequeños tesoros (a recaudar/recoger cuando la piñata cae), pero apropiarse de estos sin romper la cuerda (dañar el juego/la innovación) no resulta fácil. Esto es hoy la llamada 'tasa Google'. Una bolsa de objetivos de política y economía, mezcla supuesta de protección de la privacidad de las personas, la regulación de la competencia, la prevención de la evasión fiscal e incluso la protección de las empresas nacionales.

Los argumentos del gravamen de la agregación digital (la venta de datos, la intermediación y la publicidad 'online') tienen que ver con las externalidades de los beneficios de red; es decir, el hecho de que esta toma valor en la medida en que todos vamos participando; justo al revés de lo que ocurre con la contaminación o con la congestión, en las que todo se empeora en la medida que más gente se añade.

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Este beneficio de uso tiene difícil captura individual, aunque cada vez son más numerosas las cooperativas de ciudadanos que quieren empoderarse del uso de los datos, propios y compartidos, con características pues de bien común. Pero en general los costes de transacción, de ponerse de acuerdo y negociar con las empresas son elevados. Ante la plusvalía que de otro modo se genera, si el Estado no recupera parte de aquel excedente, son las empresas las que se apropian de los beneficios de la participación, ciertamente voluntaria, pero a la vez generadora de oligopolios anticompetitivos.

Esta es al menos la teoría. No son, no obstante, argumentos aceptables de la intervención fiscal que así se neutralice un supuesto efecto negativo contra la actividad tradicional, ya que en el redireccionamiento de la demanda, por los cambios en los precios relativos pagados por los consumidores, está buena parte de los incentivos del progreso económico. Por otro lado, proteger el statu quo es algo diferente a que la innovación pague por todos los costes sociales que lleve aparejados, como el transporte o la energía: es en los efectos y no en las causas donde debemos buscar las razones del gravamen.

Más allá de la teoría: el Gobierno del Estado necesita más y más ingresos. Primero, para financiar el aumento de gasto que se avecina fruto del Gobierno de coalición, que debe complacer nuevas clientelas electorales. Segundo, y en todo caso, para sanear el déficit público, que a pesar de que no se incrementen los gastos, es requerido para satisfacer lo que pide la Unión Europea.

Llegados aquí, pocas bases son hoy más golosas para el Gobierno actual que las que incorpora la 'tasa Google' para las transacciones digitales, o la Tobin para las financieras. Ambas forman parte del humo que rodea la voluntad de recaudación, aunque de práctica incierta. Y aquí nacen los interrogantes.

Incertidumbres

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Necesitamos ingresos pero no los podremos cobrar por el momento. Esperaremos liquidarlos al final pero no podemos estar seguros de si las empresas les harán frente a la vista de la situación en la que esté la economía española. La proyección de ingresos es dudosa y ya fue desinflada su día por la Airef. De la previsión hecha, si la aprobación se hace ahora, se recaudará solo la mitad. Y eso si se logra hacer efectivo todo lo que el impuesto lleva aparejado (la inspección ya ha dicho que en el año actual, nada de nada). En otro caso, la Unión Europea no se ha posicionado abiertamente en el tema, por el miedo a la respuesta del gran protector de las tecnológicas, hijas de los Estados Unidos, el presidente Trump. Entre países europeos sería necesaria además cierta armonización que hoy ni se anticipa. Bases espurias de difícil control hacen que los ingresos sean gaseosos.

Recuperar parte de ese excedente mencionado, generado por la economía de red, resulta tan necesario como problemático hacerlo desde un solo país, con una identificación difusa de sujetos pasivos y unas bases suficientemente elusivas. Ciertamente debemos dar oportunidad a los intentos que se hagan, pero no debemos hacerlo creyendo que esto garantiza una financiación de más gasto antes incluso de hacer caja.