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El 'impeachment' sazonará la campaña

Para reforzar el frente unido republicano y acallar las pocas veces críticas, la maquinaria de propaganda de la Casa Blanca y el desparpajo de Trump en las redes sociales han construido la imagen del líder perseguido por el radicalismo

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Imagen del Tío Sam en una emisión de la cadena de televisión estadounidense ABC.

Imagen del Tío Sam en una emisión de la cadena de televisión estadounidense ABC. / REUTERS / SHANNON STAPLETON

El pliego de cargos que la Cámara de Representantes, con mayoría demócrata, enviará al Senado, con mayoría republicana, para que en enero se inicie el procedimiento de 'impeachment' contra Donald Trump permite augurar una encarnizada batalla política al iniciarse las primarias en febrero, aunque el presidente salve la prueba merced al apoyo que su partido le dispensará para evitar la destitución. Nada hace prever que se quiebre la constante histórica según la cual el blindaje de la figura del presidente a cargo de la mayoría que le apoya en el Senado se activa con independencia de la gravedad de los delitos que se le imputan, abuso de poder y obstrucción en el caso de Trump. Mucho más cuando el inquilino de la Casa Blanca optará en noviembre a la reelección y parece retener el grueso del electorado que le votó en el 2016.

Los padres fundadores previeron la posibilidad del 'impeachment' para luchar contra los excesos o la venalidad de los cargos públicos, pero, al mismo tiempo, fueron en extremo garantistas al exigir una mayoría de dos tercios en el Senado a favor de la destitución. Es decir, que no basta con disponer de mayoría en la Cámara para que el 'impeachment' se consume, sino que es preciso que un partido disponga de una mayoría excepcional o que el procedimiento agaville una mayoría bipartidista. Esta última posibilidad fue la que llevó a Richard Nixon en 1974 a presentar la dimisión antes de que votara el Senado, convencido de que un número significativo de senadores republicanos se inclinaría por la destitución. Hoy la situación es bastante diferente, entre otras razones porque la colonización del Partido Republicano por el ultraconservadurismo hace inimaginable una coalición para echar al presidente y abrir una crisis institucional.

Líder perseguido

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Para reforzar el frente unido republicano y acallar las pocas voces críticas, la maquinaria de propaganda de la Casa Blanca y el desparpajo de Trump en las redes sociales han construido la imagen del líder perseguido por el radicalismo y la alusión a la caza de brujas se ha repetido 'ad nauseam'. Aunque lo cierto es que el 'Ucraniagate' contiene suficientes elementos de convicción para aventurar que las presiones al presidente Volodimir Zelenski para que investigara los negocios del hijo de Joe Biden en su país excedieron con mucho las atribuciones ejecutivas. Al mismo tiempo, el comportamiento de Trump ante los requerimientos de los investigadores de la Cámara de Representantes induce a pensar que el presidente y sus asesores legales hicieron cuanto pudieron para bloquear o desviar las pesquisas. Y quizá lo más importante y diferente a los procesos de 'impeachment' que precedieron al de Trump –Andrew Johnson (1868) y Bill Clinton (1999)– es que él deberá afrontar una campaña de desgaste permanente por su presumible disposición a llevar el ejercicio de su cargo más allá de lo permitido por la ley. Un arma de efectos impredecibles en manos demócratas si estos no prolongan más de la cuenta la incertidumbre sobre quién será su candidato a la presidencia.

             

* Fe de errores

El pliego de cargos que la Cámara de Representantes, con mayoría demócrata, enviará al Senado, con mayoría republicana, para que en enero se inicie el procedimiento de 'impeachment' contra Donald Trump permite augurar una encarnizada batalla política al iniciarse las primarias en febrero, aunque el presidente salve la prueba merced al apoyo que su partido le dispensará para evitar la destitución. Nada hace prever que se quiebre la constante histórica según la cual el blindaje de la figura del presidente a cargo de la mayoría que le apoya en el Senado se activa con independencia de la gravedad de los delitos que se le imputan, abuso de poder y obstrucción en el caso de Trump. Mucho más cuando el inquilino de la Casa Blanca optará en noviembre a la reelección y parece retener el grueso del electorado que le votó en el 2016. Los padres fundadores previeron la posibilidad del 'impeachment' para luchar contra los excesos o la venalidad de los cargos públicos, pero, al mismo tiempo, fueron en extremo garantistas al exigir una mayoría de dos tercios en el Senado a favor de la destitución. Es decir, que no basta con disponer de mayoría en la Cámara para que el 'impeachment' se consume, sino que es preciso que un partido disponga de una mayoría excepcional o que el procedimiento agaville una mayoría bipartidista. Esta última posibilidad fue la que llevó a Richard Nixon en 1974 a presentar la dimisión antes de que votara el Senado, convencido de que un número significativo de senadores republicanos se inclinaría por la destitución. Hoy la situación es bastante diferente, entre otras razones porque la colonización del Partido Republicano por el ultraconservadurismo hace inimaginable una coalición para echar al presidente y abrir una crisis institucional. Líder perseguido Para reforzar el frente unido republicano y acallar las pocas veces críticas, la maquinaria de propaganda de la Casa Blanca y el desparpajo de Trump en las redes sociales han construido la imagen del líder perseguido por el radicalismo y la alusión a la caza de brujas se ha repetido 'ad nauseam'. Aunque lo cierto es que el 'Ucraniagate' contiene suficientes elementos de convicción para aventurar que las presiones al presidente Volodimir Zelenski para que investigara los negocios del hijo de Joe Biden en su país excedieron con mucho las atribuciones ejecutivas. Al mismo tiempo, el comportamiento de Trump ante los requerimientos de los investigadores de la Cámara de Representantes induce a pensar que el presidente y sus asesores legales hicieron cuanto pudieron para bloquear o desviar las pesquisas. Y quizá lo más importante y diferente a los procesos de 'impeachment' que precedieron al de Trump ¿Andrew Johnson (1868) y Bill Clinton (1999)¿ es que él deberá afrontar una campaña de desgaste permanente por su presumible disposición a llevar el ejercicio de su cargo más allá de lo permitido por la ley. Un arma de efectos impredecibles en manos demócratas si estos no prolongan más de la cuenta la incertidumbre sobre quién será su candidato a la presidencia.