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La búsqueda de diálogo

Demasiado ruido de fondo

LEONARD BEARD

Demasiado ruido de fondo

Anna Cristeto

Muchos factores contaminan la negociación entre PSOE y ERC y el calendario de investidura

El vicepresidente del Govern, Pere Aragonès, fijó hace una semana el rumbo por el que, a ojos de los republicanos, debía discurrir la negociación con Pedro Sánchez. Apelaba a un calendario claro y a un gesto inequívoco de compromiso por parte de los socialistas. El jueves tuvo lugar la primera escena de diálogo en torno a una mesa de la que ambas partes se levantaron destacando la voluntad real de explorar el acuerdo.

El segundo acto se celebrará en el Congreso este martes, coincidiendo con el arranque de la 14ª legislatura y, si bien nadie confiaba que la primera toma de contacto arrojara avances, ahora se espera poder arañar centímetros a la distancia que les separa. Una vez reconocida la existencia de un conflicto político en Catalunya, ERC quiere arrancar al PSOE un movimiento que allane la abstención y la formación de un Gobierno de coalición con Pablo Iglesias. Saben que hay pocas alternativas, de la misma manera que en Unidas Podemos asumen que, de frustrarse la opción republicana, podrían otear un horizonte en el que se les hubiera eliminado de la ecuación.

Los interlocutores de ERC y PSOE aspiran no solo a superar el primer obstáculo, la investidura, sino también a sentar las bases de una cierta estabilidad. Deberán sobrellevar la desconfianza que arrastran y aislarse del ruido de fondo de contrarios al acuerdo. Algunas voces de ERC se inclinan por cruzar el puente del diálogo y jugar en Madrid un papel relevante y, al mismo tiempo, reforzar en Catalunya el rol institucional que han ido ganando tanto por la dejación de funciones del actual presidente de la Generalitat como por el interés del Gobierno de apartar a Quim Torra de cualquier interlocución.  

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No obstante, ERC tiene en cuenta el coste de permitir la formación de un Ejecutivo en España. El independentismo dista de ser un mar de calma, donde los principales partidos se disputan la hegemonía. Las elecciones catalanas, sean en primavera o en otoño, están demasiado cerca y JxCat minimizará cualquier acuerdo que rubrique ERC. Las críticas son cada vez más ásperas, como demuestran las acusaciones de deslealtad vertidas contra Esquerra. La formación posconvergente tiene en su seno opiniones discordantes, también en Madrid, pero mientras se resuelve el pulso de poder interno entre PDECat y JxCat les conviene situar el foco sobre los republicanos. De ahí que ERC necesite mostrar logros tangibles ante un electorado independentista que pivota entre el supuesto pragmatismo y la unilateralidad.

Son tantos los factores internos y externos que contaminan esta negociación que se hace difícil anticipar si en el habitual repaso del año en imágenes –donde aparecerán Greta, Trump o Johnson—habrá una foto de investidura. Cuantas más semanas pasen, más se evidencian las dificultades de Sánchez. A Esquerra parece no importarle dejar caer la página de diciembre del calendario, como si la duración de las conversaciones fuera proporcional a la firmeza de sus principios y, a su vez, la negociación, más relevante que el propio resultado.