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IDEAS

Fragmento del ’Quijote’ visto por Picasso. 

PICASSO

Meditaciones del 'Quijote'

Mónica Vázquez

Recuerdo que me obligaron a leer el 'Quijote' cuando era pequeña, en el colegio. Recuerdo pasar las páginas y sufrir con expresiones que se escondían más allá de mi tiempo, borrando el significado de algunas frases, alejándome de la poesía interna de la prosa. Recuerdo pelearme con ideas y conceptos que se escapaban del imaginario de cualquier niño de la España de los 90, fingiendo entender de qué iba la movida. Fingiendo comulgar con los sufrimientos y desventuras de un hombre mucho más mayor que yo, proyectando un otoño impreciso en una primavera fluorescente. Fingiendo amar el eco de una realidad tan lejana a la mía que me hacía sentir culpable por no saber quererla como me pedían. 

¿Cómo pudieron obligarme a leer semejante libro tan pequeña? 

Recuerdo, años más tarde, forzar la intención de leerlo de nuevo, quizá en castellano actual, quizá entendiendo un poco más de los dramas de estar vivo en un mundo cruel que da menos de lo que quita. Recuerdo el dulzor del entendimiento y la amargura de la indignación: ¿cómo pudieron obligarme a leer semejante libro tan pequeña? ¿Cómo pudieron pedirme que me asomara al abismo sin cuerda cuando ni siquiera sabía que se podía volar?

Ahora, atravesando un verano que ya huele a otoño, vestida de un septiembre vibrante e inaudito lleno de nostalgia por lo no vivido e ilusiones que burbujean en el fondo de un vaso de champán que juraría que no me he bebido, leo el 'Quijote' y todo es distinto. Leo también, como el Sancho de mi lectura, ‘Meditaciones del Quijote’ de Ortega y Gasset y me atrevo a pensar que quizás ahora sí entienda de qué va la movida. Quizás ahora sí pueda decir que he leído el 'Quijote'. Que es mío, y siempre lo será. Y ahora, paseando por La Mancha de la mano de Ortega y Gasset, veo claramente esos gigantes disfrazados de molinos, esa tierra inmensa que es la idea del hogar, esa pavorosa certeza que envuelve el miedo de atreverse a conocerse a uno mismo por lo que podría llegar a ser y no por lo que hacemos para evitarnos. 'El Quijote' es un regalo, el sueño de una persona valiente, y Ortega y Gasset nos lo traduce a los demás, que vivimos con más miedo a la vida que a la muerte.