22 feb 2020

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MIRADOR

Miquel Iceta, en el Parlament.

ALBERT BERTRAN

El relato de Iceta

Joaquim Coll

Su natural empatía, la buena gestión de sus alcaldes y una sólida contraargumentación colocan al PSC como fuerza central del constitucionalismo

Más de uno vaticinó al inicio del 'procés' la muerte del PSC. En el 2015, perdió en la Catalunya interior casi toda su representación y en Barcelona ciudad quedó quinto. En las generales y autonómicas dejó de ser la primera o segunda fuerza para caer hasta la cuarta posición. Sin embargo, supo apartarse a tiempo del falso "derecho a decidir" y salvar el vínculo federal con el PSOE. Y hoy no solo sigue vivo, sino que ha acabado asistiendo al entierro de los dos partidos del centroderecha nacionalista, al fracaso de los 'comuns', a la intransigencia suicida de Ciutadans (Cs) y a la conversión de ERC al catolicismo clerical. El PSC ha renacido en parte gracias al tirón de Pedro Sánchez, pero también por méritos propios.

Salvador Illa ha llevado a cabo una impecable estrategia de pactos con mucho contenido que ha evidenciado lo mal que se llevan ERC JxCat. En Barcelona ha tomado la responsabilidad de la seguridad, el mayor reto del Ayuntamiento. Y en la Diputación ha logrado el apoyo del PDECat para hacerse con la presidencia y dar esquinazo al tripartito que propugnaban los comunes en beneficio de los republicanos.

Ahora bien, Miquel Iceta debería encontrar la manera de sortear la invisibilidad en los medios públicos catalanes (o en la influyente RAC1) de sus alcaldes metropolitanos que, tras años en el poder, han logrado aumentar en 2019 sus mayorías, mientras ERC ha perdido la emblemática alcaldía de Oriol Junqueras, Sant Vicenç dels Horts.

El líder socialista apuesta por hacer pedagogía federalista en toda España, mientras la diputada Eva Granados está llevando a cabo una crítica minuciosa del argumentario independentista en un serie de artículos tanto en EL PERIÓDICO como en el diario 'Ara'. Muchos catalanes siguen creyendo de buena fe que existe un agravio económico y que la secesión nos llevaría a un gran prosperidad. La eficacia de los artículos queda demostrada en que el 'exconseller' Andreu Mas-Colell los está respondiendo con prontitud, aunque ahora prefiera contradecirse con lo que había afirmado antes claramente en lugar de desmentir las fábulas económicas que sigue contando ERC. Y también por los ataques coordinados de Carles PuigdemontPere Aragonès o Marta Rovira difundiendo unas declaraciones de la diputada portavoz socialista en que tergiversan por completo lo que dijo.

La lección

Theresa May demostró que el debate argumental es imprescindible. Le preguntaron si no era hora ya de desmentir las mentiras del 'brexit'. Ella evitó hacerlo y su paso por el 10 de Down Street ya es historia. Lección: si la otra parte no expone sus argumentos, las 'fake news' lo ocupan todo.

La natural empatía de Iceta (a veces excesiva), la buena gestión de sus alcaldes y una sólida contraargumentación desarmando la república de las maravillas que cuenta ERC (y que Mas-Colell siempre ha contradicho), colocan al PSC como fuerza central del constitucionalismo. También lo sitúan en una posición estratégica para evitar que los republicanos tomen el relevo a la hegemonía ideológica que CiU y el pujolismo ejercieron desde 1980. La responsabilidad no es menor.