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Análisis

El primer ministro Dmitri Medvédev, tras votar ayer.

ALEXANDER ASTAFYEV (EFE)

Un requicio en el controlado imperio del zar Putin

Rafael Vilasanjuan

Los comicios locales son una oportunidad para ganar cotas de poder para una oposición fragmentada

¿Libres? ¿Limpias? Cada vez que hay elecciones en Rusia recordamos la fragilidad de un modelo democrático que nunca ha acabado de cuajar, en una disputa imposible entre quienes tienen el poder y quienes lo cuestionan ¿Qué valor tiene un voto en un país donde todo está controlado por el poder? Es difícil pensar que el resultado electoral pueda ser representativo y justo. Estas elecciones para decidir la composición de ayuntamientos y gobiernos regionales probablemente no hayan sido una excepción. Sin embargo, pueden empezar a mover algo en el imperio cerrado del zar Vladimir Putin.

Los opositores no estarán al frente de ninguna de las grandes ciudades. La maquinaria de poder no deja resquicio y los elegidos de Putin seguirán dirigiendo buena parte de los ayuntamientos. Con unos medios de comunicación controlados, con restricciones a las organizaciones de la sociedad civil, que van desde el control de sus canales de información a la detención de los mas críticos y con un sistema de corrupción que engrasa toda la burocracia oficial, no hace falta manipular el resultado electoral para asegurar que todos los que acaben en un puesto de poder serán fieles al sistema.

La oposición apenas tiene capacidad para revertir la situación y sin embargo estas elecciones son una alternativa. Para empezar el mes de Agosto ha sido agitado. Muy agitado. La prohibición de presentarse a muchos candidatos independientes – es decir, los que no forman parte de ninguno de los partidos registrados- llevó a miles de manifestantes a las calles de las principales ciudades. En Moscú no había habido manifestaciones tan nutridas en una década. La oposición sabe que no puede asaltar el poder, pero mientras en la política federal, controlada al detalle, es imposible asomar cabeza, en las elecciones locales se puede presentar batalla. Ser candidato es una carrera de obstáculos, pero en los ayuntamientos se puede entrar, limitar el poder y marcar diferencias.  Los que han salido elegidos, aunque sea en minoría, tienen acceso a información que de otra manera les sería negada. Desde identificar a los corruptos y denunciarlos públicamente, hasta usar las redes sociales para evitar los abusos.

Una oportunidad para una oposición fragmentada, que puede entrever en estas elecciones la puerta a pequeños espacios de poder. Las movilizaciones en contra de la brutalidad de la policía en las manifestaciones y los arrestos, les ha llevado a pensar que un voto puede significar algo en un régimen totalitario. No consiguen alcaldías sonadas, pero la frustración con el sistema ha abierto la puerta a que algunos críticos se cuelen en ayuntamientos importantes, entre ellos el de Moscú. De momento la única puerta abierta a que la difícil democracia rusa encuentre alternativa.