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Reinvención de las políticas medioambientales

Un pacto verde (realmente) efectivo

Un pacto verde (realmente) efectivo

Mariano Marzo

Los compromisos del Acuerdo de París no han podido evitar un ascenso de más de 2ºC de la temperatura media del planeta

El tema del cambio climático gana protagonismo día a día, reflejando la creciente preocupación de la sociedad y su exigencia de mitigar las ya evidentes consecuencias del calentamiento global forzado por la actividad humana.

En relación a dicha exigencia, una propuesta que se ha ido abriendo paso es la de concretar un 'Green New Deal' o Nuevo Pacto Verde. Se trataría de, haciendo de la necesidad virtud, aprovechar la oportunidad que genera el desafío de una reducción acelerada de las emisiones de gases de efecto invernadero para emprender una radical transformación socioeconómica que, al mismo tiempo, conlleve una mayor justicia social. La idea, inspirada en el 'New Deal' del presidente Franklin D. Roosevelt para luchar, entre 1933 y 1938, contra los efectos de la Gran Depresión en Estados Unidos, ha sido acogida con interés.

Insuficiencia de las medidas actuales

El concepto de 'Green New Deal' es atractivo, tanto desde una perspectiva intelectual como política. Sin embargo, no nos podemos quedar en propuestas relativamente brillantes. Lo verdaderamente importante en estos momentos es pasar de formulaciones teóricas y genéricas a acciones inmediatas, concretas y efectivas. Es decir, del terreno virtual de los buenos propósitos a la realidad de las mejores prácticas. Se trata de ir más allá del compromiso, para concentrarse en la optimización de resultados. Un paso que requiere tamizar utopías por el cedazo de las limitaciones impuestas por las realidades científicas, técnicas, económicas y sociales.

Para remarcar este enfoque pragmático, Ernest J. Moniz, un físico nuclear que fue Secretario de Energía con Barack Obama entre 2013 y 2017, recurre a la ironía y a un juego de palabras, para en vez del 'Green New Deal' proponer un 'Green Real Deal', expresión que podríamos traducir por 'Pacto Verde (realmente) Efectivo'. Este énfasis sobre la efectividad resulta muy pertinente si, por ejemplo, tenemos en cuenta que los compromisos alcanzados en el marco del tan cacareado Acuerdo de París son, en realidad, totalmente insuficientes para evitar un ascenso de más de 2ºC de la temperatura media del planeta.

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Para Moniz, el pacto verde debería articularse en torno a: 1) análisis rigurosos basados en la ciencia y la tecnología, 2) planteamientos abiertos y flexibles que favorezcan la opcionalidad, para así posibilitar la formación de coaliciones lo más amplias posibles, 3) actitudes inclusivas que aseguren la participación de todos los sectores económicos, muy particularmente de aquellos de más difícil descarbonización, tales como el transporte, la industria y la agricultura, 4) una especial sensibilidad frente a diferentes realidades demográficas y territoriales, ya que las soluciones bajas en carbono dependen inevitablemente de la localización y características propias de cada colectivo humano, y 5) una apuesta decidida por la equidad social y por la creación de puestos de trabajo, asegurándose que la transición energética no acarrea destrucción de empleo ni una pérdida de la calidad de los mismos.

Innovación personalizada en cada territorio

¿Y qué sería necesario hacer para lograr una mitigación del cambio climático realmente efectiva? Evidentemente, de forma inmediata, cada territorio y comunidad debería escoger, entre las diversas opciones potencialmente disponibles, las más eficaces (aquellas que den mejores resultados) y asegurarse de que operan de manera eficiente (funcionan bien) tanto técnica como económicamente. A más largo plazo, Moniz opina que el componente central es la innovación, tanto en tecnología como en los modelos de negocio y en la política, en el bien entendido de que la innovación tecnológica sería la que habilitaría las otras. A fin de cuentas, sin nuevos avances tecnológicos disruptivos, desplegables a gran escala y económicamente asequibles, el mundo no alcanzará el objetivo climático de lograr un balance neutro en emisiones de carbono.

Tales tecnologías deberían permitir la captura directa del CO2 del aire, la reutilización de dicho compuesto a escala comercial dentro de un esquema de economía circular, el almacenamiento biológico y geológico de miles de millones de toneladas de CO2, el almacenamiento de electricidad a precios asequibles durante periodos de tiempo que van de días a estaciones del año, la obtención de energía a partir de la fisión nuclear avanzada y la fusión, el advenimiento de la economía del hidrógeno, la integración completa de las tecnologías de la información y los sistemas energéticos, el desarrollo de combustibles bajos en carbono,…. y así un largo etcétera.

*Catedrático de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universitat de Barcelona y director de la Cátedra Transición Energética de la Fundación Repsol-Universitat de Barcelona.